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14/08/2012

Desde que Curiosity aterrizó en Marte el pasado 6 de agosto hemos podido oír todo tipo de comentarios sobre el coste de la misión. Ya se ha convertido en una molesta rutina que ciertos círculos critiquen sistemáticamente el dinero gastado en misiones espaciales, como si el presupuesto de la NASA o la exploración del Sistema Solar fuesen un lastre para la economía mundial. No voy a explicar aquí por qué debemos explorar el espacio. No es el momento ni el lugar, pero sí me gustaría llamar la atención sobre el fenómeno contrario. Me explico. Muchos científicos y aficionados a la exploración espacial se han apresurado estos días a señalar el bajo coste de Curiosity comparado con otros gastos 'superfluos' de nuestra sociedad. Sin duda tienen razón, pero el problema de este punto de vista es que pasa de puntillas por un hecho objetivo y es que Curiosity es una misión realmente cara si la comparamos con otros proyectos espaciales. De hecho, es la nave espacial más cara que ha visitado Marte .

image La sombra de la 'cabeza' de Curiosity en el suelo de Marte (NASA).

Pero vayamos por partes. Como decíamos al inicio, no resulta problemático argumentar que Curiosity es barata en comparación con todo tipo de programas militares o presupuestos de defensa. Por ejemplo, no tenemos más que mirar la siguiente gráfica:

image

Como vemos, el coste de Curiosity, de 2500 millones de dólares , es una nimiedad comparado con el presupuesto de defensa de España para 2012 -y no digamos ya el de EEUU-, el coste de un solo bombardero B2 o el de un portaaviones clase Nimitz (en realidad, sólo he tenido en cuenta la factura de la construcción del portaaviones, sin contar el coste de las operaciones y su mantenimiento, que elevaría la cifra hasta los 22 mil millones de dólares). Si alguien quiere más ejemplos, sírvanse ustedes mismos de buscar el precio de algunas aventuras militares actualmente en curso. En fin, creo que a todos nos queda claro que la economía mundial no está peor por culpa de Curiosity.

El problema surge si comparamos el coste de Curiosity con otras misiones que han alcanzado la superficie de Marte. Antes que nada, aclarar que el cálculo preciso del coste de una misión espacial es un asunto muy complicado y depende de multitud de factores (¿se incluye el coste de lanzamiento?¿es el coste de construcción de la sonda o el total de las operaciones a lo largo de su vida útil?¿se ha tenido en cuenta algún cambio de moneda en el cálculo?). Para la elaboración de estas gráficas he usado cifras oficiales de la NASA en dólares, aunque hay que advertir que éstas pueden variar considerablemente según la fuente. Pero lo más importante es que he tenido en cuenta la inflación en el coste de las misiones, un asunto fundamental que se suele pasar por alto. Por ejemplo, las misiones Viking costaron unos mil millones de dólares a finales de los años 70, lo que equivale a unos 3500-4000 millones de dólares en la actualidad. Huelga decir que no hay una única manera de calcular los precios ajustados a la inflación y que las cifras son susceptibles de bailar según el método empleado. Aclarado este punto, veamos la gráfica:

image Coste de misiones de aterrizaje en Marte en dólares de 2010 (ajustados a la inflación).

Se aprecia claramente que Curiosity es la misión de aterrizaje más cara desde las Viking. Pero cuidado, porque el programa Viking consistía en dos sondas separadas, así que el precio por unidad era inferior al de Curiosity. Es más, cada sonda estaba formada a su vez por un orbitador y una nave de aterrizaje, por lo que el precio por cada una de las sondas de aterrizaje era inferior al de Curiosity. Dicho de otro modo, Curiosity es la nave más cara que se haya posado en Marte . La diferencia es especialmente notoria cuando comparamos a Curiosity con el programa Mars Exploration Rovers (MERs), con un coste de unos 945 millones de dólares. Spirit y Opportunity solamente salieron por unos 475 millones de dólares cada uno.

¿Y qué hay del resto de sondas marcianas? A lo largo de las últimas décadas se han enviado muchas naves a Marte, y no todas han alcanzado la superficie. ¿Es Curiosity barata comparada con los satélites marcianos? Veamos:

image Coste de algunas misiones marcianas. MGS: Mars Global Surveyor. MRO: Mars Reconnaissance Orbiter.

Efectivamente, Curiosity sigue destacando. Sólo la fallida Mars Observer de principios de los 90 le hace cierta competencia a Curiosity en temas de presupuesto. La sonda europea Mars Express está muy por debajo, con un coste de 440 millones de dólares. Evidentemente, queda claro que Curiosity es la nave marciana más cara jamás enviada a Marte , aunque el programa Viking de los años 70 sigue siendo el más oneroso en conjunto.

Vale, ¿y qué tal si la comparamos con otras sondas espaciales de la NASA? Dicho y hecho:

image Coste de algunas sondas de la NASA. LRO: Lunar Rconnaissance Orbiter.

Vemos que Curiosity ya no está a la cabeza. La costosísima y comlejísima misión Cassini-Huygens a Saturno se le adelanta con un precio de 4400 millones de dólares -recuerda, ajustados a la inflación-. Aunque en realidad, Cassini es una misión internacional. Si solamente tenemos en cuenta la participación norteamericana, vemos que la diferencia no es tan abismal (unos 3500 millones). El resto de sondas queda muy por detrás de Curiosity.

Pero ya que estamos, vayamos a las grandes ligas. Si nos atrevemos a comparar esta misión con los programas tripulados de la NASA y otros proyectos científicos, obtenemos lo siguiente:

image Precio de programas tripulados y no tripulados de la NASA.

En este caso, Curiosity es casi una ganga comparada con los más de 6000 millones de dólares que ha costado el programa del telescopio espacial Hubble (incluyendo las misiones de mantenimiento del transbordador), o los 8000 millones del telescopio James Webb (JWST), actualmente en construcción. De hecho, el coste del futuro programa MSR (Mars Sample Return) para traer muestras marcianas a la Tierra alcanzaría los diez mil millones (aunque consistiría en al menos tres misiones por separado, con un precio de tres mil millones cada una aproximadamente). El alto coste de MSR es una de las razones por las que esta misión aún no ha sido aprobada por la NASA.

Los programas tripulados son claramente más caros que Curiosity, faltaría más, pero la diferencia disminuye si comparamos el precio de esta sonda con el de las misiones tripuladas individuales:

image

Se puede apreciar que Curiosity es incluso más cara que una misión del antiguo transbordador espacial, que salía por unos 1500 millones de dólares (contando gastos fijos). Pero lo realmente sorprendente es que podemos compararla directamente con una misión Apolo sin que la escala de la gráfica se resienta. Muchos detractores de la exploración tripulada creen que el coste de las sondas espaciales es infinitamente menor al de una tripulada. Pero, a pesar de que Curiosity es significativamente más barata, lo cierto es que no es muchísimo menos cara.

¿A dónde quiero ir a parar con todo este baile de cifras? Primero, dejar claro que Curiosity es una misión espacial nada barata. Los partidarios de la exploración del espacio hacemos un flaco favor a la causa si le quitamos importancia al coste de cualquier programa espacial y metemos todas las misiones en el mismo saco. Como todo en la vida, en esto de los presupuestos espaciales hay categorías. El precio de Curiosity es despreciable si lo comparamos con, no sé, el rescate bancario de España o la Guerra de Irak, sí, pero también es cierto que por lo que ha costado se podrían haber lanzado seis rovers como Spirit o Opportunity (¡seis!). Cierto es que Curiosity es increíblemente más compleja que cualquiera de los MERs, pero el caso es que ciertamente existe un debate en la comunidad científica norteamericana sobre la conveniencia de mandar misiones tan caras a Marte. De hecho, la próxima misión de la NASA a la superficie del planeta rojo -aún no aprobada- será casi con toda probabilidad más barata que Curiosity.

Por otro lado, es evidente que a partir de cierto grado de complejidad las misiones automáticas no son tan baratas cuando las comparamos con los programas tripulados. Un conjunto de misiones automáticas realmente ambiciosas con el fin de traer rocas de Marte a la Tierra y explorar el planeta concienzudamente no sería mucho más económico que un programa tripulado, y eso es algo que los detractores de la exploración tripulada parecen no tener en cuenta.

Sea como sea, ahora que Curiosity está en Marte sólo nos queda disfrutar con sus espectaculares imágenes y esperar a los revolucionarios resultados científicos que sin duda nos va a proporcionar. Los próximos años prometen ser interesantes.

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