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15/03/2012

En octubre de 1962 el mundo se hallaba al borde de la guerra nuclear. La decisión de la Unión Soviética de desplegar misiles nucleares de alcance medio R-12 y R-14 en suelo cubano creó una tensión sin precedentes entre las dos superpotencias. Hoy en día todos sabemos que la 'Crisis de los misiles cubanos' o 'Crisis caribeña' -como se la conoció en la URSS- fue uno de los puntos álgidos de la Guerra Fría. Lo que no es tan conocido es el papel que jugó en esta crisis una inocente sonda espacial destinada a explorar Marte.

image Un cohete 8K78 Mólniya siendo colocado en posición vertical en su rampa de lanzamiento de Baikonur.

En 1962, la oficina de diseño OKB-1 de Serguéi Koroliov estaba lista para lanzar una nueva serie de sondas interplanetarias para estudiar Venus y Marte. El Ingeniero Jefe había aprendido de los errores de la anterior familia de sondas 1M y 1VA de 1960 y había creado la serie de naves 2MV (de Mars , 'Marte', y Venera , 'Venus'). Como su nombre indica, las 2MV habían sido diseñadas para estudiar tanto Marte como Venus, aunque se crearon dos versiones distintas, unas dotadas de cápsulas de descenso para alcanzar la superficie (2MV-1 para Venus y 2MV-3 para Marte) y otras equipadas con un módulo de instrumentos científicos que debían limitarse a sobrevolar el objetivo (2MV-2 y 2MV-4).

image Sonda interplanetaria de la serie 2MV.

Cuando la ventana de lanzamiento hacia Marte se abrió en octubre de 1962, el cohete 8K78 Mólniya -una variante de cuatro etapas del misil R-7 Semiorka- con la sonda 2MV-4 nº 3 a bordo fue colocado diligentemente en su rampa del cosmódromo de Baikonur. Los preparativos para el lanzamiento fueron supervisados por Borís Chertok , uno de los lugartenientes de Koroliov. Pero justo en esos momentos estalló la crisis de Cuba y el todo el cosmódromo entró en estado de alerta máxima. Además de un centro de lanzamiento para misiones espaciales, Baikonur era en 1962 una base de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) y estaba a cargo de los militares. Con el país al borde de una guerra, los procedimientos dictaban que todas las rampas de lanzamiento debían ocuparse con misiles listos para ser lanzados. Baikonur tenía dos rampas para misiles R-7, pero sin embargo una de ellas estaba ahora ocupada por el cohete 8K78 con la sonda marciana.

Consecuentemente, el coronel Anatoli Kirillov, segundo al mando en Baikonur, se dirigió a Chertok para ordenarle que retirase su cohete de la rampa con el fin de que se pudiese colocar en ella un misil R-7A Semiorka (8K74) con una cabeza nuclear. Cualquier otra persona habría obedecido sin rechistar, pero no Chertok. Borís era un apasionado de la exploración espacial y compañero fiel de Koroliov. Chertok intentó razonar con los militares explicando lo importante que era la exploración de Marte y lo limitada que era la ventana de lanzamiento. Si perdían esta oportunidad, le dijo, no podrían estudiar Marte hasta 1962 como muy pronto. Es fácil imaginar la cara que se le quedaría al rudo Kirillov ante semejante explicación. ¡La civilización podía desaparecer en cuestión de días y ahí estaba aquel tipo hablando de explorar Marte! Pero el coronel no podía obligar a Chertok y a su equipo a retirar el cohete a punta de kaláshnikov. Bueno, teóricamente sí que podía, pero Kirillov sabía perfectamente que Koroliov tenía línea directa con Nikita Jruschov y un enfrentamiento con el Ingeniero Jefe podía ser peor que una guerra nuclear para su carrera.

Más sobre

image Borís Chertok (1912-2011).

image Misil intercontinental R-7 8K71 (izquierda) y R-7A 8K74 (derecha).

image Vehículo de reentrada soviético para una bomba de fusión de 3 megatones.

Por otro lado, si Kirillov no retiraba el cohete con la sonda a Marte se vería sometido sin duda a un consejo de guerra por traición y desacato. Así que la cuestión quedó en tablas por el momento momento. Los militares acordaron preparar un misil R-7A en el edificio de montaje cercano (MIK) mientras la sonda se mantenía en la rampa. Si la situación internacional empeoraba, el cohete sería retirado sin contemplaciones. Para aclarar la situación, Chertok intentó contactar por teléfono con Koroliov, que se encontraba en Moscú, pero sin éxito. En el cosmódromo se palpaba un ambiente de guerra inminente. Todo el personal no militar que resultaba prescindible fue evacuado de la zona y los soldados patrullaban el cosmódromo de forma regular buscando posibles comandos de paracaidistas norteamericanos que se pudieran haber infiltrado con el fin de sabotear las instalaciones.

Chertok y el resto de encargados de la OKB-1, junto con el famoso académico Mstislav Keldysh, se resignaron y decidieron capear el temporal en la pequeña cabaña que tenía Koroliov a pocos kilómetros de la rampa. Mientras comían sandías se miraron unos a otros pensando que un ataque nuclear norteamericano podía ser inminente. Paradójicamente, justo en ese momento apareció un sonriente Kirillov por la puerta y les comunicó que había recibido la orden de Moscú de cancelar todos los preparativos para el lanzamiento de misiles.

Pero la crisis estaba lejos de finalizar. El 24 de octubre el cohete 8K78 despegó finalmente con la sonda marciana y estuvo a punto de provocar nada más y nada menos que la Tercera Guerra Mundial. Después de alcanzar la órbita terrestre, la cuarta etapa o Bloque L debía encenderse para situar a la nave en una trayectoria de escape hacia Marte. Sin embargo, un fallo en una de las turbobombas del Bloque L provocó que la sonda y la etapa superior se rompiesen en cinco grandes fragmentos. Poco después, las piezas fueron detectadas por el radar de alerta temprana norteamericano del sistema BMEWS (Ballistic Missile EarlyWarning System) en Alaska, creando una alerta de ataque nuclear soviético. Por suerte, los ordenadores del sistema BMEWS calcularon en cuestión de segundos la trayectoria de las piezas y concluyeron que no podía tratarse de un ataque de misiles soviéticos, cancelando la alerta. No obstante, el incidente tuvo lugar en el punto álgido de la crisis cubana. Si, por ejemplo, en vez de una sonda a Marte se hubiese tratado de un lanzamiento rutinario en órbita polar, con una trayectoria muy parecida a la de un ICBM, las cosas podrían haber sido muy distintas.

El incidente de la pobre sonda marciana 2MV-4 nº 3 -que obviamente nunca llegó más allá de la órbita terrestre- nos recuerda la estrecha relación que existía entre el programa espacial y la Guerra Fría en los años 60. Por otro lado, bien es cierto que durante la Crisis de los Misiles la URSS contaba con muy pocos ICBMs operativos, unos 25 R-16 y apenas cuatro R-7A en estado de alerta en Plesetsk (Baikonur era un centro de lanzamiento secundario para los R-7, de ahí la indecisión de Kirillov). Cualquier incidente de los muchos que tuvieron lugar durante la década de los 80, cuando ambas potencias poseían miles de cabezas nucleares, podría haber tenido consecuencias infinitamente peores. En todo caso, la crisis finalizó el 27 de octubre y poco tiempo después el misil R-7 Semiorka sería finalmente retirado del servicio. Pero su descendiente, el cohete Soyuz, sigue funcionando y hoy en día es el único lanzador capaz de mandar cosmonautas hasta la estación espacial internacional.

Referencias:

  • Raketi i lyudi , Borís Chertok. Ed. Mashinostroenie, Moscú (1994-1999).

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