×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×

ElblogdejackdanielsMiembro desde: 05/11/10

Elblogdejackdaniels

http://elblogdejackdaniels.blogspot.com/

0
Posición en el Ranking
0
Usuarios seguidores
Sus noticias
RSS
  • Visitas
    795.323
  • Publicadas
    1.066
  • Puntos
    0
Veces compartidas
62
¡Consigue las insignias!
Trimestrales
Recientes
Visitas a noticias
09/01/2017

(Apuntes)

Llegó al barrio un día cualquiera de no se sabe dónde. Desde el primer momento nos llamó la atención su singular estampa de roquero legendario. La guitarra terciada a la espalda, la melena abundante danzando al viento, la barba descuidada y anárquica y las manos apresadas en el pozo de los bolsillos del vaquero. Calzaba unas botas de piel de culebra, con tacón prominente y puntera de flecha, y miraba a su alrededor como quien no va a ninguna parte. Transitaba las calles suspendido en un balanceo pendular, como si bailara en el aire. Sus ojos color melón irradiaban una transparencia acuosa que te imantaba.

Se instaló sin ruido en una vivienda angosta situada en una esquina de la colectiva que lindaba con la Plaza Cervantes. Era un piso con hechuras de barco que había sido de su abuela, muerta por acumulación de años meses antes. La casa se estrechaba irremisiblemente a medida que, al traspasar la puerta de acceso, encaminabas tus pasos en dirección a la fachada del edificio. Era como un túnel cónico que perdía luz cuanto más te adentrabas en él. En las habitaciones del fondo jamás penetraba la claridad del día y siempre ofrecían el lúgubre aspecto de una celda de calabozo.

Lo primero que hizo para acondicionar aquel antro escuálido y lóbrego fue deshacerse de la sobriedad de los muebles que su abuela había acumulado a lo largo de años, atestar las habitaciones de cojines irisados y empapelar las paredes con pósteres a todo color de los ases mitológicos del rock. Luego conectó un aparato de alta fidelidad y un amplificador para su guitarra y se dedicó a atormentar a los vecinos durante el remanso de las siestas y en las madrugadas solitarias, explorando acordes y melodías novedosas, mientras consumía aquellos porros que liaba con la precisión de un torcedor cubano. Elaboraba los canutos con la mezcolanza de tabaco y marihuana que extraía de una faltriquera de cuero prendida de su cuello, en la que destacaba la cabeza de un indio repujada en su centro. Quizás por eso, cuando estaba hasta el gorro, nos martirizaba a base de conferencias magistrales sobre el efecto sedante de la risa. Es decir, prácticamente siempre.

Aquel tipo ?se llamaba Jaime y se le conocía por Jimi , aunque nosotros lo apodábamos Pink Floyd ?, inició en la laboriosa senda de la alucinación a toda una generación del barrio. El ritual comenzaba con el atardecer, igual daba invierno que verano, cuando nos adentrábamos en su reino de sombras para seguir a pies juntillas sus indicaciones y adentrarnos en el camino de la iluminación. Después nos metíamos entre pecho y espalda varios canutos del revoltijo herbáceo que extraía de su escarcela de siux y nos dejábamos llevar por los acordes de las leyendas del rock, que brotaban en estampida de los altoparlantes de su equipo de alta fidelidad. Cuando el vacilón colectivo alcanzaba su clímax, no quedaba nadie en el cubículo que no hubiese liberado los deseos más íntimos, la consciencia individual, los sueños más secretos y hasta el botón de chapa de los vaqueros. Ciegos como murciélagos y saturados de rock, Pink Floyd exponía su cosmovisión del mundo propiciada por una cualidad que se atribuía ? percepción intemporal, la llamaba?, según la cual era capaz de aprehender en un instante mágico todos los puntos de vista posibles sobre cualquier tema. Era entonces cuando sus narraciones rozaban la atemporalidad y nos embobaba a todos con su labia envolvente.

Nos contaba sus devaneos por las comunas de los Estados Unidos, cargado con su guitarra y vestido como un zarrapastroso. Según decía, en la de Chicago se topó en un antro con un viejo negro que tocaba blues en una guitarra sobada acompañado de tres ancianos decrépitos y temblantes, también afroamericanos. El bluesman lucía unas gafas de sol oscuras de montura gruesa, a pesar de que era noche cerrada y en el local apenas se veía una mierda. Cuando concluyeron el bolo, se acercó a la mesa donde el grupo trasegaba whiskies de Tennessee sin descanso. El negro se sinceró y le confesó que las gafas eran para disimular las lágrimas que se precipitaban desde sus ojos cada vez que cantaba blues, porque se le agolpaban en la mente las voces y los ecos de sus ancestros. Cuando se le pasó el colocón, se enteró por el barman de que el tipo con el que había conversado no era otro que Big Jhon , el mítico músico de Mississipi, una gloria viviente del género que se había dejado caer por el local para alternar con un grupo de viejos amigos. Tardaría años en percatarse de que había estado escuchando en directo una voz única, desgarradora y ácida como una dentellada de limón, por la que suspiraban millones de oídos del planeta.

Más sobre

A menudo nos cantaba, rasgando las cuerdas de su guitarra con sus uñas largas e impecables, una canción que había compuesto a raíz de la anécdota. La letra hablaba de preguntas hechas uno mismo mientras el mundo sesteaba y de que las respuestas habían de ser cuidadosas, so pena de que te tildaran de radical o, aún peor, de terrorista. Pink Floyd había llegado a la conclusión de que, para ser respetable era imprescindible convertirse en un vegetal incapaz de pensar por sí mismo. "No hemos aprendido nada ?finalizaba?, por muy absurdo que pueda parecer, porque soy tan ilógico que en realidad no sé ni quién soy".

Cuando terminaba sus actuaciones se quedaba suspendido en un cuelgue contemplativo, los ojos fijos en una pared y la mano rendida sobre el traste, mientras nosotros rumiábamos el mensaje imbuido entre los acordes al tiempo que se esparcían por la atmósfera de fumadero que reinaba en la casa. Un mundo etéreo con el que soñábamos cada noche, a cuyos imbricados engranajes todavía hoy le doy vueltas en la memoria y no consigo descifrarlos.

Sin embargo, su demencia psicodélica no era impedimento para acabar las noches con una amante misteriosa que le hacía corretear por encima de los muebles entre carcajadas, antes de retozar en la cama hasta el amanecer. Era una morena escultural, de la que nadie conocía el nombre, que se colaba en la colectiva como un alma errante y nos tenía a todos el seso sorbido. El callejón al que daban las ventanas de la casa era tan angosto que los vecinos de la acera contraria podían hasta escuchar los sueños y, de tanto vociferarlos, pronto pasaban a formar parte de la realidad cotidiana del barrio. Incluso nosotros, cuando nos enteramos, nos agachábamos bajo el pretil y nos sentábamos de espaldas al muro, como si acudiéramos a una sesión de cine, a estremecernos con los gemidos y exabruptos que vomitaba la ventana de su dormitorio las noches de amor desenfrenado.

La mayor parte de nuestra juventud la empleamos, tiesos como estábamos entonces, en los encuentros lisérgicos que se prolongaban hasta la madrugada en aquel cuchitril. Parecíamos discípulos budistas de un monje atípico que versificaba sus admoniciones a base de acordes distorsionados, y cuya única obsesión era glosarnos las bondades de un estado de inexistencia envuelto en una nebulosa alucinógena muy semejante a la nada. El sendero iniciático en la mística de los estupefacientes combinados con rock a toda caña abarcó esos años difíciles en los que se suponía que debíamos cambiar, una transición inevitable a la que temíamos más que a los viajes por los páramos de la psicodelia. Nos descuidamos de la fugacidad del tiempo ?hasta tal punto que incluso llegó a dejar de existir? y relegamos a un rincón del olvido una realidad que no nos gustaba y a la que no teníamos ningún interés en cambiar. Tal vez por eso, quizás llegamos demasiado tarde a la constatación de que el mundo seguía ahí afuera, esperándonos.

Un día incierto, Pink Floyd se fue de nuestras vidas de la misma manera en que había llegado: en silencio. Algunos aseguran que a Sri Lanka, a ejercitarse en una exótica creencia espiritual. Lo cierto es que, tras su marcha, aquella colectiva jamás volvió a ser la misma. Aún hoy, cuando atravieso el callejón estrecho que la bordea, me resuenan en los tímpanos los quejidos de su guitarra melancólica, la fricción de sus palabras narrando sus historias de vagabundo y los gemidos estremecedores de sus veladas de lujuria. Es entonces cuando siento en mi interior que, con su partida, perdí una parte de mi vida y una concepción de la vida que todavía me asalta en las duermevelas, porque, como usted bien sabe, los recuerdos nos unen al tiempo que el vivir nos distancia.

Más recientes de Elblogdejackdaniels

Detenidos 6 trabajadores de Extruperfil

Los trabajadores de la empresa Extruperfil llevan en huelga desde hace más de 160 días en defensa de su puesto de trabajo 05/05/2016

El éxito de Podemos en Sevilla capital cuestiona la estrategia de Participa

De los casi 29.000 votos obtenidos en la ciudad en las pasadas elecciones municipales, bajo la marca Participa Sevilla y en confluencia con algunos independientes procedentes de Ganemos, a los más de 81.000 conseguidos en las generales de hace dos días. 52 22/12/2015

La cortina de hierro

Todos los que hemos pasado por una facultad de periodismo sabemos de la importancia del arranque en cualquier pieza informativa. En él se condensa todo; el ritmo, el estilo, el corazón del texto que viene a continuación. Es como el termómetro, el indicador definitivo del conjunto final 07/12/2015

La metáfora fatal de Abengoa

¿"Abengoa está inventando en Sevilla la energía del futuro". Lo decía a mediados de julio pasado el entonces consejero delegado de Abengoa, Santiago Seage, ?hoy al frente de la filial Abengoa Yield Plc? en el Foro Tejiendo Industria, que organizaron el diario ABC y Cobre Las Cruces 01/12/2015

La impostura de PSOE y Ciudadanos en la lucha contra el cambio climático en Andalucía

Todavía resuenan los ecos de la campaña "que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres" que lazó la organización ecologista Greenpeace en octubre pasado, en la que solicitaba a los políticos que "sitúen la protección del medio ambiente en el eje de sus políticas" 30/11/2015

Mostrando: 1-5 de 1.070