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13/12/2018

Cómo y qué empresas tributan por prestar servicios digitales y la controversia existente hoy en día en este campo a nivel internacional

La economía digital, el mayor reto tributario de nuestro tiempo

 

Me estoy refiriendo a empresas como Google, Amazon, YouTube, Apple o Netflix,  ¿Quién no usa los servicios de alguna de ellas habitualmente? su nivel de crecimiento se ha incrementado exponencialmente en los últimos años, tanto que ya alcanzan cifras de ingresos anuales estratosféricas situándose entre las más grandes empresas mundiales por capitalización bursátil. Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar en cómo tributan estos informatizados servicios online, ¿existe actualmente algún impuesto digital a esta masificada economía?.

Todos los países y en especial las primeras potencias mundiales llevan años con un quebradero de cabeza constante en este asunto, esencialmente su problema es la falta de consenso y acuerdo multilateral sobre el tema, ya que estas empresas no tienen un lugar fijo de negocios como tal donde realizar su actividad, sino que es global, a través de internet y los medios digitales mediante activos intangibles. Lo que resulta de gran utilidad para estas grandes empresas, que ven un gran oportunidad de aprovechar vacíos legales y asimetrías en los sistemas tributarios referentes a esta materia para instalar su sede de tributación en los famosos paraísos fiscales o territorios donde el impuesto de sociedades les es muy favorable.  A nivel europeo el destino estrella es Irlanda, con un tipo general del 12, 5% (la mitad que el español).

Desde la OCDE y el G20 se inició en 2013 el denominado proyecto BEPS, acrónimo de “erosión de las bases imponibles y traslado de beneficios”, cuyo objetivo es hacer frente a la elusión fiscal de las empresas multinacionales a nivel internacional a través de una serie de 15 acciones antielusión. Este proyecto no es únicamente para la economía digital, aunque es sin duda una de sus prioridades y así lo contempla la misma acción 1 referente a los desafíos fiscales en materia de economía digital. A pesar de ello este proceso está tardando más de lo esperado y con una gran dificultad de implementación a nivel mundial.

¿Qué posibles soluciones existen? ¿Cómo pueden los países donde esta actividad se lleva a cabo establecer una unión, un nexo que vincule la actividad de estas empresas con el país donde se consume su contenido y donde están creando valor? Los estados serían capaces de recaudar una gran cantidad por ello, de ahí su innegable interés por afrontar el tema de una vez por todas. Numerosas reuniones en los últimos años así lo corroboran, tales como comunicados de la Comisión Europea con la intención de establecer “un sistema impositivo justo y eficaz para el mercado digital” y diversos paquetes de propuestas directivas y recomendaciones para alcanzar una imposición justa y eficaz que se han ido presentando a lo largo de estos últimos dos años. Aun así  no consiguen dar en el clavo con la medida exacta, y recayendo inevitablemente a gravar únicamente el volumen de negocio o ventas.

 

Una de las propuestas más populares sería la creación de un posible establecimiento permanente virtual, ya que estas empresas tienen su establecimientos permanentes en lugares de baja tributación como señalamos anteriormente, pero la gran mayoría sus usuarios no están en ese país sino en muchos otros alrededor del mundo. Son precisamente estos usuarios que consumen los contenidos de estas empresas digitales los que podrían representar el nexo definitivo que uniese a estas empresas con los países donde se consume su contenido. Este podría ser un gran paso hacia una primera conexión, aun así los diferentes países siguen a la espera de un consenso global y de perfeccionar todas estas sugerencias.

Pero no todos quieren esperar, muchas legislaciones quieren empezar a gravar cuanto antes estos beneficios, lo que ha desembocado en varias medidas unilaterales previas a un acuerdo global y que se adaptarán a él cuando entre en vigor, y donde España ha sido pionera. Así lo manifiesta el reciente anteproyecto de ley del “Impuesto sobre determinados servicios digitales” que se espera entre en vigor en los próximos años y donde los usuarios representarán por primera vez un papel fundamental en la cadena de valor de las empresas digitales, además del tráfico de datos y la explotación de una sólida posición en el mercado. Este impuesto seguirá las pautas de la Comisión Europea y se calificará de indirecto, es decir no grava renta o patrimonio como hasta ahora se hacía en este sector, por lo que no podrá quedar englobado en el marco de los convenios de doble imposición internacionales.

Sólo los grandes del sector lo pagarán, 750 millones o más es la cifra del importe neto de negocios que se requerirá a una empresa para gravar dicho impuesto además de superar los 3 millones de ingresos en concepto de prestación de servicios en el propio territorio español obtenidos en el año natural y al tipo del 3%. Una iniciativa atrevida contra empresas poderosas Facebook, Google, Amazon y compañía pero necesaria para armonizar este desajuste de tributación en España y que puede ser un ejemplo a seguir por otros países a la espera de un acuerdo global como señala el mismo Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos de la UE declarando “Se muestra una determinación de España de liderar con el ejemplo. España es uno de los principales apoyos de nuestra propuesta, así que pienso que esto allana el camino a una tasa digital europea”. 

En mi opinión quizá para afrontar una solución al problema sea en cierto modo necesario una renovación de la tributación clásica acorde al avance tecnológico que cada vez más genera nuevos retos y seguirá generándolos en el futuro. De la misma manera que la economía y servicios digitales evolucionan se antoja por tanto adecuado que la legislación también lo haga a modo de abarcar el alcance de la misma y lograr justicia y armonía tributaria consiguiendo que realmente estas empresas paguen justamente sus correspondientes impuestos allí donde realizan su actividad y generan beneficio a través de los usuarios que los consumen.

 

La economía digital, el mayor reto tributario de nuestro tiempo. Autor: Luis Paniagua

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