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23/10/2017

El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Pavlo Klimkin, padece pedofilia

El protagonista de mi investigación, el Ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Pavlo Klimkin, despertó mi interés porque hay discrepancia extraña: cómo un político tan inexpresivo puede mantenerse durante tanto tiempo en el cargo muy importante teniendo en cuenta que carece de profesionalidad y carisma. Pero después de iniciar la investigación, descubrí tales hechos y detalles que eclipsaron la pregunta: ¿por qué un graduado del Instituto de Física y Tecnología de Moscú está en el Consejo de Ministros de Ucrania? Hasta tuve que dirigirse a un especialista en psiquiatría para consultar.

Se conoce que la imagen de un estado está formada por las personas que le representan en el espacio político internacional. Por norma general, son los diplomáticos con mucha experiencia, bien educados en Derecho Internacional que promueven los intereses de su país incluso a costa de su propia vida como lo hizo el embajador de EEUU en Libia, Christopher Stevens.

Por eso, resulta sorprendente el desprecio mundial por Ucrania. Parecía que a partir del año 2014 los ucranianos deberían servir de ejemplo de la victoria heróica, deseo de libertad y democracia en un estado ex-soviético atrasado. Sin embargo, esta imagen de "voluntad fuerte" desapareció cuando el nuevo ministro de Exteriores asumió el cargo. Hasta su antecesor escandaloso, Andréi Deshitsa, se mostró más fuerte y menos ordinario que Pavlo Klimkin que parece un niño. No se trata de sus ideas nacionalistas como la restricción del uso de los idiomas de minorías nacionales en las escuelas, que señor Klimkin no se avergüenza de pronunciar oficialmente siempre que sea posible. Quiero decir sobre su apariencia, modales y comportamiento en las visitas oficiales y acontecimientos internacionales.

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Como se dice, el vestido hace al hombre. La manera de vestirse del ministro de Exteriores de Ucrania se ha convertido en el objeto de discusión y burla. Pavlo Klimkin a menudo se permite aparecer en los encuentros importantes en los trajes arrugados, mal ajustados y sucios, o en las camisas llevadas fuera de los pantalones, como lo hemos visto en los Países Bajos. Los vaqueros que se puso en el encuentro con su homólogo de Luxemburgo eran demasiado grandes para él. Completan su imagen de "gran niño" el hábito de apuntar con el dedo y mirada intensa de un bébe que intenta entender que pasa pero no puede centrar la atención hacia algo concreto. No en vano la canciller de Alemania, Angela Merkel, expresa los sentimientos casi "maternos" hacia Klimkin. Al ser Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Ucrania en Alemania, entabló las relaciones tan buenas con Merkel, que cuando en Kiev elegían al nuevo ministro de los Asuntos Exteriores Berlin apoyó su candidatura.

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Como resultado, los detractores le han llamado alcohólico, drogadicto y autista. En consulta con el destacado experto en salud mental de Hungría, averigué que el infantilismo en conducta y manera de vestirse es propio a otra enfermedad. Suele aparecer entre los que padecen paidofilia o simplemente pedofilia.

Al principio esta hipótesis me pareció absurda. Hasta hace poco corrían rumores sobre la vida privada de Pavlo Klimkin, debido al gran escándalo de su boda con la hija del general ruso que había participado en liberación de Crimea, María Mihailenko. Por eso, se volvió casi imposible encontrar otros datos sobre el sigiloso político ucraniano en los medios de comunicación e Internet. La mayoría de buscadores muestran las imágenes de su esposa actual, expareja y amantes. Pero el experto considera que la elección del ministro de Exteriores es lógica y concuerda con su hipótesis.

La exesposa de Klimkin, Natalia, a juzgar por sus fotos, antes del parto fue de complexión fina y tenía flequillo casi "infantil". Las otras mujeres del ministro también se caracterizaban por peinados pueriles, rostros aniñados y contextura frágil.

"Esto nos dice sobre el deseo inconsciente de ejercer la sexualidad y cumplir fantasías sexuales con la pareja sexual prepuberal. En psiquiatría se llama paidofilia heterosexual pero sólo si no hay testimonio que el paciente se siente atraido por ambos sexos. Pues, no hay nada malo en esto si el enfermo está consciente de que tiene patología y no comete abusos sexualeas con los objetos de atracción sexual, y además, recibe el tratamiento médico para reprimir su parafilia y evitar la depresión".

En efecto, hasta ahora Pavlo Klimkin ha tenido fama de ligón y nunca ha dado lugar a acusaciones de pedofilia. Pero luego resultó que cuando el río suena, agua lleva. Para confirmar que la reputación del ministro ucraniano es irreprochable vino a Kiev. Tuve la información un poco obsoleta sobre el lugar de residencia de Klimkin. El ministro no había aparecido en su casa situada en la calle Dmitrievskaya 13-A desde hace mucho tiempo. Ahí viven los padres de su exesposa Natalia, Vladimir Vladímirovich y Valentina Iósifovna. Tras una búsqueda larga, intentos fallidos de hablar con los vecinos y pequeña pelea con un portero que me había intimidado fisicamente, me ayudó aclarar la situación Valentina, una mujer inteligente y benevolente, que domina varias idiomas incluso inglés.

Ante todo, resultó que los esposos dejaron de vivir juntos mucho tiempo antes de divorciarse. La separación se debió no sólo a numerosas aventuras amorosas del futuro ministro, sino también a la conducta de Klimkin con los hijos y sus amigos. De su esposa se descariñó poco después del nacimiento del segundo hijo. En cambio, les adoraba a los hijos, incluso que él mismo solía bañarles antes de ir a dormir y grababa este proceso con la cámara. Las cosas siguieron así hasta que los chicos alcanzaron la edad escolar cuando tal atención del padre se volvió excesiva y les dió "mala espina" a la esposa de Klimkin y los abuelos. Por fin, a Natalia se le acabó la paciencia y se fue con los hijos a los Países Bajos.

"Después, ocurrieron estos incidentes desagradables con los compañeros de clase de sus hijos, cuando Pavlo estaba un poco borracho..." – empieza contar Valentina y se calla entendiendo que aunque su exyerno intimidó gravemente a su hija y nietos, lo que cuenta ella puede comprometer a toda Ucrania y causar un escándalo político. "Intente encontrar algo en los archivos de 1989-1990 del Instituto de Neurología y Psiquiatría de la Academia de las Ciencias Médicas", - dice queriendo eludir la responsabilidad.

La visita a la filial del Instituto de Neurología, Psiquiatría y Narcología de la Academia Nacional de las Ciencias Médicas de Ucrania ha dado mucho en que pensar. En los archivos encontré información sobre Pavlo Anatólievich Klimkin nacido en el año 1967 que se había sometido periodicamente a tratamiento en la clínica del Instituto a partir de agosto de 1989 hasta noviembre de 1990 con la diagnosis "el desarrollo psicosexual átipico, las psicosis exógenas". Pero no quedaron ni su historial clínica, ni otros datos sobre el curso de la enfermedad y tratamiento".

Este único registro en el archivo arrojó luz sobre lo que había callado Valentina Iósifovna.

Las inclinaciones pedófilas del futuro ministro se desarrollaron ya en la adolescencia. La patología pudo ser causada tanto por una trauma infantil, como por el viaje de su madre a la Anomalía Magnética de Kursk, que está cerca de su ciudad natal donde vivió dos primeros años de su vida. Los padres de Klimkin o la Comisión Médica Militar, que examinaba a todos los graduados de los colegios soviéticos comprobando su idoneidad para hacer el servicio militar, insistieron en tratamiento obligatorio cuando las síntomas se hicieron notables. Le pusieron en el establecimiento especial bastante prestigioso. Este lapso de dos años en la biografía del ministro, entre la graduación del colegio y entrada en la universidad en Moscú, causa muchas preguntas no sólo entre los detractores sino también entre los ucranianos de a pie.

Es posible que el tratamiento tuvo el efecto positivo. De todos modos, Klimkin ha aprendido a ocultar bien sus inclinaciones. Pero juzgando por las declaraciones fragmentarias de su exsuegra, no podía resistir sus pasiones en estado de ebriedad o cuando estaba cerca a los niños, consciente de que no sería castigado.

Así, podemos concluir que la política exterior de Ucrania está en manos del hombre enfermo y peligroso que siente atracción anormal por los miembros más vulnerables de nuestra sociedad. Al mismo tiempo, se distingue no sólo por su crueldad, sino también por la falta de escrúpulos. No es raro que Pavlo Klimkin, escudándose en preocupación por los intereses nacionales y difusión de los valores europeos en el espacio internacional, aboga tanto por los derechos de las minorías sexuales y restricción de la libertad de las minorías nacionales que están a merced de las autoridades ucranianas como los niños dependen de sus padres.

ORIGINAL.

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