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Cómo provocar una pandemia en cuatro actos

09/06/2009 13:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una crónica sobre un desastre global que pudo ocurrir

Uno de los espectaculares beneficios de la globalización y el acceso al transporte aéreo a escala mundial es el acortamiento de las distancias y la movilidad entre los países. Un pasajero puede recorrer el globo terráqueo a una velocidad tal que Julio Verne no hubiese podido figurarse y eso es ir bastante mas allá de la imaginación.

El galopante ritmo de crecimiento de la población humana va de la mano con la tasa de expansión de los asentamientos humanos y una cada vez mas intensa interacción con los animales, especialmente aquellos dedicados al consumo humano. Este binomio favorece el fenómeno conocido como mutación antigénica de cepas virales, el cual ante el intercambio entre un animal portador de un tipo de virus y un humano portador de otro tipo produce una modificación en el genoma viral. Esta variación es exclusiva del virus de la influenza tipo A.

Esto es lo que sucedió a inicios del presente siglo. El brote con mayor potencial pandémico comenzó en diciembre de 2003, cuando se informaron casos de influenza aviar altamente patógena, causado por un virus A/H5N1, en Corea. A partir de enero de 2004 se extendió en siete países de Asia (Vietnam, Japón, Tailandia, Camboya, China, Laos e Indonesia). Como consecuencia, entre enero y marzo de 2004 se confirmaron 34 casos en humanos en Vietnam y Tailandia de los cuales murieron 23 personas. Esta alta tasa de letalidad se piensa que se relaciona con las características genéticas del virus y la capacidad de respuesta inmunológica.

La OMS en el 2006 lanzó una alerta mundial sobre el probable advenimiento de una pandemia de escala global relacionada a la influenza transmitida entre humanos. Los éxitos logrados entre el 2001 y 2003 en el control de los brotes de la epidemia de gripe aviar en el sudeste asiático se vieron luego alarmantemente opacados por la rapidez y virulencia de brotes focalizados en indonesia y Turquía.

La epidemia que se suscitó a partir de abril del 2009 en México y Estados Unidos, tuvo su origen en el virus A/H1N1, una mutación del virus de influenza compuesta por trazos de influenza porcina y aviar. Los cerdos pueden ser intermediarios entre aves y humanos pues al ser infectados por dos tipos distintos pueden generar nuevos virus influenza capaces de infectar humanos.

A pesar de la gran alarma mundial que atrajo esta emergencia de salud, el mundo se libró temporalmente de una tragedia descomunal. La cepa del virus de la influenza norteamericana no es tan agresiva como su prima la influenza aviar. En la mayoría de los países afectados las tasas de morbilidad alcanza apenas entre el 2 y 3% del total de infectados. La verdadera amenaza se encuentra al acecho. En efecto, la virulencia del virus A/H5N1 que se extendió rápidamente en el 2003 alcanzó el 25%. Sin embargo, las tasas de morbilidad más elevadas se esperan en los grupos etáreos que incluyen a los niños y jóvenes llegando a valores del 35 % aproximadamente.

Desde 1957, ha habido un incremento en las mutaciones intervirales impresionante. Han surgido nuevas cepas que afectan al hombre, entre ellas: H2N2 (Hong Kong, 1968), H9N2 (Hong Kong, 1999), A H7N7 (Holanda, 2003), A/H10N7 (Egipto, 2003), terminando con el mortal H5N1 del sudeste asiático. El ritmo de la mutación y las posibles variaciones ha aumentado en forma alarmante.

El virus de la influenza de abril del 2009 ha puesto a prueba la capacidad de previsión de los países. El numero reducido de muertes sin embargo, no se debe a una elevada capacidad de respuesta, es producto del azar. Desde el 2006 la Organización Mundial de la Salud había advertido a todos los países la necesidad diseñar de estrategias y protocolos de contingencia frente a una posible pandemia, recomendando poner énfasis en los sistemas de detección y alerta temprana.

Las lecciones que surgen después de abril del 2009 son varias y debemos aprender de ella, de ello depende literalmente nuestra vida

Los primeros casos de la nueva influenza se produjeron la segunda mitad de marzo en Tabasco, Mexico, pero aparentemente la gripe atípica fue pasada por alto en las primeras semanas. Solo cuando el 18 de abril los servicios de salud de San Diego, EE.UU. detectaron la presencia de un virus de tipo A en dos niños menores de once años, el Centro de Control de Enfermedades de los EE.UU. extendió la alarma. El 23 de abril el gobierno mexicano que ya había reconocido veinte muertes por pulmonía atípica –un cuadro que es consecuencia de infecciones severas de influenza- decidió tomar la decisión de suspender las clases en todas las escuelas. Fue entonces que recién comenzó la historia oficial de la epidemia global.

Un mes después el total de casos había escalado a once mil casos en 40 países. Estas cifras sin embargo corresponden a una tasa de incidencia leve. Si la epidemia hubiese sido iniciada por una cepa mas agresiva y con un mayor nivel de virulencia, esta podría haber causado un 30 o 40% de mortalidad, tal como ocurrió en 1918 en España. Los sistemas hospitalarios hubiesen estado bajo fuerte presión, tal como lo demuestran las simulaciones efectuadas en Colombia (520, 000 hospitalizaciones y 58, 000 muertes proyectadas) y en Argentina (136, 000 hospitalizaciones y 30, 000 muertes). En países como Perú y Bolivia, cuyas cifras de muerte por neumonía son elevadas, se espera que estas tasas puedan ser muy elevadas. En Perú un cálculo con una tasa de ataque del 30% (en epidemia) indica que el sistema de salud hubiese colapsado a mitad del período de máxima infección con un exceso de mortalidad del 900% respecto a un periodo típico esto es 180, 000 probables muertes. Considerando que la tasa actual de neumonía en menores de 5 años es de 196 por 100, 000 habs. la situación que se presentaría sería una catástrofe humana.

Las lecciones que surgen después de abril del 2009 son varias y necesitamos aprender de ella, de ello depende literalmente nuestra vida.

El primer acto en el proceso de formación de una catástrofe es la existencia de una cultura médica en el sistema de salud público habituado a efectuar el diagnóstico y tratar los casos de influenza sin pasar por un debido proceso de análisis clínico para detectar el agente específico causante. De esa manera pueden pasar inadvertidas nuevas cepas. En enero del 2008, un informe del CDC había detectado muestras de influenza del tipo H1 que se mostraban resistentes al Tamiflu, como consecuencia de la variación menor de características de la cepa, pero también por el uso indiscriminado de medicamentos. Hasta un 2% de muestras mostraron resistencia al oseltamivir.

El segundo acto, que duda cabe, es la carencia de una infraestructura de salud adecuada para detectar casos que presenten los síntomas de una influenza severa y referirlos a instancias especializadas para realizar los análisis clínicos y de descarte necesarios para dar la voz de alerta. La mayoría de los centros de salud que atendieron los primeros casos en México no estaban equipados con los reactivos necesarios ni siquiera estaban conectados a redes de instalaciones hospitalarias de segundo nivel preparadas para la detección. Esto facilitó la invisibilidad de la nueva cepa del H1N1. La centralización de los sistemas de salud en los países de América Latina ofrecen el peor escenario institucional para afrontar una crisis de salud pública.

El tercer acto, es la lentitud o la dificultad para tomar decisiones que implican riesgos políticos elevados pero que son necesarias para prevenir la emergencia. Una vez que existen indicios razonables de la propagación de una nueva cepa de la influenza, se requieren controles migratorios sólidos que excluyan el riesgo de ingreso de personas infectadas sin un debido examen médico, ello incluye el control de arribos en los aeropuertos en un primer momento mientras se detecta y verifica que una epidemia haya alcanzado el nivel 2 de alerta de la OMS. Una vez que la transmisión haya llegado a un punto importante (definido por indicadores críticos como la tasa de transmisión interpersonal) medidas como la suspensión de actvidades públicas será no solo aconsejable sino inevitable.

El cuarto acto es el mas sutil de todos. Detectar los casos de personas afectadas que pueden hacer uso de los servicios aéreos es mas fácil, los controles son mas fáciles de implementar, y el seguimiento es menos complejo. El problema real viene cuando una epidemia se convierte en endógena. Cuando la infección empieza a cruzar las fronteras de los estratos socioeconómicos y finalmente se instala en los sectores mas vulnerables, de aquellos cuyos sistema inmunológicos pueden estar debilitados. Cuando un país permite una tasa de muerte por neumonía de infantes como la que vemos en Perú ello indica que algo anda mal en el tema de la equidad. Se requiere de políticas de atención que tengan una acción afirmativa con enfoque en los mas pobres. Sin descuidar la atención universal, responder a la emergencia implicará fortalecer sobre todos a las unidades de atención primaria que son quienes están en la línea del frente contra una emergencia.

Sólo cuando los seres humanos comprendamos que nuestros estilos de desarrollo y crecimiento está incrementando simultáneamente nuestra vulnerabilidad y exposición al riesgo podremos hacer frente a nuestro destino común: actuar solidariamente no es un solo un imperativo ético es una cuestión de supervivencia humana.


Sobre esta noticia

Autor:
Eklektiko (9 noticias)
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Reportaje
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