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La recuperación del pensamiento conservador

11/05/2014 18:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: Fernando Alonso Barahona Fuente: fundación Burke

El horizonte del siglo XXI acelerado por las crisis, las nuevas tecnologías y el vértigo de la ausencia de valores precisa de una reflexión rigurosa, selectiva y desde luego conservadora. image Escribió Ortega en Mirabeau o el político, que la acción política consistía en tener una idea y un proyecto claro desde el Estado para el desarrollo vital de una nación. Para pensar y actuar se precisa por tanto un proyecto, un criterio y unos valores, y la voluntad precisa para llevarlos a cabo. En la vorágine del siglo XXI, el pensamiento conservador ("conservatism" en término de Robert Nisbet) tiene un inmenso campo para enriquecer el debate intelectual.El horizonte del siglo XXI acelerado por las crisis, las nuevas tecnologías y el vértigo de la ausencia de valores precisa de una reflexión rigurosa, selectiva y desde luego conservadora. Merecerá la pena esparcir algunos de estos conceptos.

RECUPERAR IDEAS Y CONCEPTOS QUE TIENEN VOCACION UNIVERSAL Es frecuente que las noticias de los periódicos, los comentarios apresurados o incluso la impresión real de las gentes califiquen como históricos (en el sentido de únicos) determinados hechos. Sin embargo, la perspectiva del tiempo y de la historia -interesante paradoja- revela que tal visión no deja de resultar sesgada, aunque sea lógica pues cada tiempo tiene su devenir único. Como señalara Ortega, cada época es única para los que la viven, por eso sus momentos son históricos. Y en este escenario, y en la circunstancia de la España de los inicios del siglo XXI, la encrucijada política, social, económica y moral que nos ocupa tiene mucho que ver con las respuestas a las crisis de valores y de liderazgo, con la búsqueda de nuevos modelos que acaso podamos encontrar en nuestras propias raíces y -sobre todo- en proponer una profunda renovación de la vida política. La conquista del futuro requiere ideas sólidas, convicciones e ilusión para llevar a cabo los proyectos. Por ello es tiempo de recuperar ideas y conceptos con vocación universal, más allá del leve particularismo o del programa para la mera ocasión, para salir del paso. Sin estrategia, sin programa, sin ideas y sin esperanza es imposible la renovación y el éxito.

VISTA A LOS RETOS "La tradición no se adquiere por herencia, hay que conquistarla con fatiga" T.S.ELIOT (Tradition and the individual talent) Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. El ser humano aspira a su propia permanencia, y si el orden y la belleza del universo reclaman una mente Creadora, la felicidad y la ética exigen esa vocación trascendente, sublimadora de lo perecedero; el equipaje del ser humano no es solo su inteligencia, también lo compone su fe, y ordenando la inteligencia con la fe, aprenderá a encontrar el sentido de la vida, el orden del Universo y tal vez lo que Julián Marías llamara las verdaderas respuestas a las auténticas preguntas. El principal reto político del siglo XXI es la renovación de múltiples modelos agotados que están produciendo un progresivo desencanto en millones de personas que en cualquier momento pueden percatarse que no se sienten representados por esquemas, gobernantes y sistemas que han dimitido de su compromiso con la excelencia y la eficacia. Y el segundo reto es que ese nuevo compromiso político no se quede en la mera disquisición teórica, sino que baje de las musas al teatro, para ofrecer soluciones concretas. ¿El futuro? Ortega comentaba que la vida humana es un proyecto futurizo porque ha de ir haciéndose literalmente de forma continua, sin detenerse un segundo. El futuro es por tanto el propio presente. Y para ese futuro no hallaremos viento favorable si previamente no sabemos el rumbo al que queremos dirigirnos.

SER PUENTE ENTRE LAS EXPERIENCIAS DE LA SOCIEDAD Y SUS ESPERANZAS. EL LIDERAZGO El dirigente político, la persona que dedica su esfuerzo a la dirección de la Administración Pública tiene un importante reto ante sí: servir de enlace, de puente entre las necesidades de la sociedad -de sus hombres y mujeres- y la posibilidad de su consecución. Quien logra este objetivo ejerce realmente su capacidad de liderazgo, que en último término no es sino la cualidad para conducir a la sociedad hacia las metas que entre todos se han elegido. El liderazgo democrático precisa de un contrato previo pues su legitimidad nace no del propio líder, sino de las personas a las que representa.

Necesidad del liderazgo La acción social es muy importante, pero al igual que una nave necesita timón y capitanes, la sociedad precisa modelos y liderazgo. La rebelión de las masas de la que hablaba Ortega ha degenerado a menudo en el odio a la excelencia y en la exaltación de la mediocridad. Pero la renovación exige esfuerzo, dedicación y, por supuesto, líderes capaces de encarnarla. Resulta imprescindible que, siguiendo el modelo norteamericano, las tendencias y posiciones conservadoras se coordinen en plataformas y grupos de presión para actuar desde dentro del partido político que en cada momento sea mayoritario dentro del espectro polifacético de centro-derecha o derecha.

El gran reto de nuestro tiempo político tal vez consista en romper con la convencional relación partido político/sociedad de aislamiento y lejanía, para lograr -como en Estados Unidos- una participación y un interés de las personas, no tanto en organizaciones políticas concretas, sino en acciones y programas, y en las personas que tienen la responsabilidad de llevarlos a cabo. A nadie se le oculta que la burocratización de los partidos, la creación de castas de políticos profesionales sin oficio propio ni contacto con la realidad, y -en suma- la alarmante mediocridad de muchos aparatos dificulta cualquier renovación en este sentido .

El paso decisivo en esta línea es sin duda el liderazgo. Un equipo dirigente riguroso que sea capaz de transmitir optimismo desde la verdad, proclamando su propia alternativa que no puede basarse únicamente en los fallos del rival. Si no existe liderazgo y no se tiene confianza en el propio programa es muy complicado crear ilusión y movilizar a los ciudadanos.

Este liderazgo podría articularse en torno a varios núcleos: 1. Conexión con los problemas reales de la gente. La regeneración de la política pasa por una forma de actuar más transparente, donde el ciudadano se pueda ver representado. 2. Ruptura de los límites clásicos gobierno/oposición. En ocasiones se asemejan a las dos caras de una moneda. El gobierno ha de ser limitado, pero debe transmitir confianza y capacidad de gestión eficaz. 3. El despertar de las llamadas clases medias, o de la mayoría silenciosa, es vital para la renovación de la política.

REFORMAS Y CONTRATO CON LAS PERSONAS Cuatro serían las grandes reformas que el pensamiento político conservador debe analizar y presentar. En lo que se refiere a España el punto de partida, naturalmente, es la apuesta decidida por un proyecto común para los españoles, que es compatible con las diferencias regionales y que ha de tener en cuenta la singular proyección internacional que nos corresponde: la Unión Europea e Hispanoamérica. Al margen de la acción política cotidiana el pensamiento ha de profundizar en grandes temas sobre los que urge una decidida reforma, en algunos casos regeneración.

Reforma electoral Ha de incluir una completa revisión -consensuada- de la financiación de partidos políticos y sindicatos. El primer paso puede ser la elección directa de alcalde en los municipios, bien por un porcentaje mínimo, bien mediante segunda vuelta. En general el sistema debe tratar de acercar al representante con sus representados, aunque ello suponga socavar las burocracias de los partidos políticos.

El objetivo ultimo debiera ser un sistema similar al norteamericano, sin listas electorales de partidos sino con candidatos para los puestos concretos (diputados, alcaldes, concejales), es decir, personas cuya elección dependiera del ciudadano y no del partido político. A nadie se le oculta la dificultad de la reforma que supondría una auténtica democratización y el final de la partitocracia. Pero la senda del cambio es siempre la reforma permanente. Como señalara Jaime Balmes: "Si no queréis revoluciones, haced evoluciones".

Reforma de la justicia Independencia real del poder político, excelencia máxima de sus componentes y medios para asegurar su eficacia. El debate sobre la magnitud y duración de las penas, las responsabilidades por crímenes espantosos, la intervención gubernamental en el gobierno judicial, etc. No basta con exponer los problemas, urge colocar en el centro del debate la alternativa.

Reforma de la Educación y Regeneración cultural Cultura integral. Desarrollo de la enseñanza de las Humanidades. Limitación del poder del Estado en la dirección educativa que ha de corresponder en primer término a la propia sociedad y a la familia. La cultura del conocimiento, la excelencia y el mérito han sido en buena parte arrumbadas de la corrección política. Urge una apuesta decidida por ese cambio imprescindible que nos recuerda que el esfuerzo es siempre necesario para lograr los objetivos.

Recuperación de los valores Despertar al adormecimiento de las masas, presas de la plaga del pensamiento políticamente correcto, enseñando a cada uno a pensar y decidir Renovación de las aspiraciones espirituales del ser humano, rescatándolo así de la profunda deshumanización a la que se ve sometido por el "progresismo vacuo" y "el pensamiento débil". El estudio de la historia o el valor de la cultura son objetivos que a la altura de nuestro tiempo se antojan casi elementos morales. Todo ello en el marco de un Contrato que puede ser con España, o con una Comunidad Autónoma, o con un municipio concreto, pero que ante todo, es un contrato con las personas que viven y trabajan, con seres humanos reales que requieren soluciones tangibles y que se cuente con ellos para resolverlas. Sólo con el regreso a las raíces, una sólida creencia en valores y un rumbo determinado es posible enfrentarse con posibilidades de éxito a las crisis de cada tiempo (la económica por ejemplo en este inicio de la segunda década del siglo XXI).

IDEAS Y PRINCIPIOS CONSERVADORES

"El heroísmo, ese sublime ademán deportivo con que el hombre arroja su vida, fuera de sí tiene una gracia vital inmarcesible" JOSE ORTEGA Y GASSET (El tema de nuestro tiempo) La biografía intelectual de Occidente se inicia seguramente con el gran descubrimiento de Parménides: "Hay un ser específico de las cosas, y es su propio consistir". De este punto se puede generar toda una construcción de filosofía capaz de asumir lo grandes problemas de cada tiempo. Russell Kirk (The conservative movement, "Un programa para conservadores") encuentra una serie de derivaciones fundamentales del principio de Parménides. Todas ellas tienen óptima aplicación en el momento actual y constituyen espléndidas plataformas intelectuales para el siglo XXI que ya se inicia: a- Creencia en que existen unas reglas naturales de inspiración divina, que en última instancia rigen la vida humana. Los problemas políticos son, en no pocas ocasiones, problemas éticos y morales. B- Aprecio por la variedad y el misterio de la vida en sus múltiples alternativas en contraposición al igualitarismo absurdo de ciertos sistemas radicales. C- Convicción de que la sociedad civilizada parte del principio de igualdad de oportunidades, pero sobre él requiere la participación, la búsqueda de la excelencia y la valoración del orden y las elites. D- Fe en la libre iniciativa y desconfianza de las planificaciones sofisticadas (la llamada "arquitectura social") que se introducen de forma subrepticia en la vida y trata de controlar los movimientos más íntimos del ser humano. La proyección vital necesita el programa, pero la naturaleza humana y sus manifestaciones artísticas no pueden encorsetarse en los rígidos límites de una estructura cerrada. E- El cambio imprescindible para la adecuación de las soluciones a los problemas reales (estar, en expresión de Ortega, a la "altura de los tiempos") se ejecuta habitualmente mediante la reforma, nunca con la ruptura violenta. F- Realismo en el enfrentamiento con los problemas políticos, sociales y culturales. La realidad de las cosas es la medida para poder intentar su mejora. Y con la libertad, la responsabilidad, como escribiera Cervantes en frase certera: "Y he de llevar mi libertad en peso sobre los propios hombros de mi gusto". Eugenio D' Ors (Principios de política de misión) recogía en hermoso lenguaje algunas de estas ideas clave que tal vez debieran ser repetidas y aprendidas y practicadas en la medida de lo posible por los altos cargos de los partidos políticos, sobre todo cuando poseen responsabilidades de gobierno: - El espíritu debe redimir a la naturaleza. La cultura debe redimir a la nación. - La condición óptima para la selección es la jerarquía mediante la excelencia y la igualdad de oportunidades. - Cada hombre es un servidor. Cada servicio es una dignidad. Cada dignidad es un deber. Cada deber es una técnica. - Todas las voces han de ser oídas. - Toda misión ha de tener un carácter universal, no particular, sino abierto al horizonte. - No seguir la opinión pública, sino precederla. - No servir a un señor que se pueda morir. En cualquier caso el desánimo no es una opción. Merece la pena el esfuerzo por convertir en realidad una auténtica alternativa de excelencia y esperanza. El pensamiento conservador, lejos de ser reaccionario, es transformador, reformista y complejo. Solo conociendo las propias raíces, imaginando un proyecto y defendiendo unos valores se puede avanzar. La alternativa -en cambio- suele ser la ausencia de rumbo, la mediocridad y -a menudo- el caos.

A modo de guía

Espigamos una serie de títulos que nos desvelan raíces y motivos del pensamiento conservador (una lista bibliográfica completa se puede encontrar en mis dos libros: La derecha del siglo XXI (Royal Books, 1994) y Políticamente incorrecto (Eiunsa, 1998) The Conservative mind. Russell Kirk. 1953 Keeping the tablets. Ed. William F. Buckley. 1988 La rebelión conservadora en Estados Unidos. George H. Nash.1987 Letters to my grandson. Charlton Heston. 1997 Black Belt of patriotism. Chuck Norris. 2008 El tema de nuestro tiempo. Ortega y Gasset Introducción a la filosofía. Julián Marías. 1947 Los fundamentos de la libertad. Friedrich A. Hayek. 1960 Reflexiones sobre la Revolución francesa. Edmund Burke El crepúsculo de las ideologías. Gonzalo Fernández de la Mora


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