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Roberto Arlt, 26 de julio de 1942. Un aniversario más sobre el cielo de Buenos Aires

26/07/2014 08:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Se cumplen hoy, 26 de julio, 72 años del "imprevisto" fallecimiento del periodista, escritor y dramaturgo argentino Roberto Arlt, acaecido una mañana de domingo de 1942, dicen que lluviosa y fría, como toda buena mañana de domingo

Aún no se había levantado de la cama; un ataque definitivo al corazón . Y entrecomillo lo de imprevisto porque, como lo ha recogido la investigadora Sylvia Saítta en la biografía sobre el autor, su viuda y segunda esposa, Elizabeth Mary Shine, quien en ese momento estaba embarazada del hijo que Arlt nunca llegó a conocer, advirtió después que el escritor llevaba tiempo con dolencias cardíacas y también del estómago. Fiel a ese carácter un tanto desordenado y arbitrario que siempre lo ha estigmatizado,  todo indica que el autor de Los siete locos no hizo mucho caso a las recomendaciones de los médicos. Un ronquido seco fue lo último que escuchó Elizabeth cerca de las 11 de la mañana.

No obstante, la muerte de un hombre joven con apenas 42 años y en plena efervescencia creadora  —Arlt había nacido con el siglo en el año 1900— es siempre una muerte imprevista y temprana. Cuando se habla del fallecimiento de este singular periodista que revolucionó al Buenos Aires de las décadas de 1920 y 1930 con sus "aguafuertes", suele recordarse una anécdota que el también escritor Ricardo Piglia ha inmortalizado con el artículo “Arlt: un cadáver sobre la ciudad”. Aquí Piglia usa como excusa unas fotografías del velorio de Roberto Arlt, donde su ataúd aparece suspendido con sogas en el aire, para establecer su lugar incómodo y hasta estrafalario en la Literatura argentina. La explicación parece más o menos obvia. Arlt era alto y grande, quizás la herencia germana, y por lo tanto la única forma de sacar su gran féretro del cuarto de pensión de la calle Olazábal, donde vivió sus últimos días junto a Elizabeth, fue a través de la ventana, utilizando sogas y poleas. En su última hora, el cuerpo de Arlt vagabundeaba por el cielo de Buenos Aires al igual que en vida lo hizo por sus calles y avenidas: Florida, Rivadavia, Mayo, Lavalle, Boedo, Bolivia, Bogotá y Río de Janeiro, entre muchas otras.

Claro que los 72 años es un aniversario casi irrelevante, de esos que no se suelen mencionar, un número poco redondo

Otra anécdota curiosa es el destino final de su cuerpo. Cito a Saítta, "los restos de Roberto Arlt fueron cremados y en agosto de 1942, en un atardecer frio, Elizabeth Shine, Leónidas Barletta y Diego Newbery tomaron una lancha colectiva en el Tigre que los condujo al Delta. En la confluencia del río Capitán y del Abra Vieja, cumplieron con el deseo de Arlt de entregar sus cenizas a las aguas del Paraná". La opción de la incineración, quizás no tan común en aquellos años como hoy en día, se sospecha pudo haber venido de una antigua aguafuerte donde Arlt comentaba con entusiasmo su visita y conversación con el responsable del horno crematorio de un cementerio de la ciudad.

Claro que los 72 años es un aniversario casi irrelevante, de esos que no se suelen mencionar, un número poco redondo. Se conmemoran los 10, 20, 25, 50, 75 ó 100 años...., pero 72 no parece ser una cifra digna de fastos. Aunque si algo es indudable en la obra y biografía de Arlt, es su capacidad para huir del canon.  Por lo tanto, los 72 se antojan como un número casi perfecto para recordarlo, mejor si fuera primo; y los 72 también sirven para advertir que desde hace más de un año todas sus obras originales se encuentran en dominio público, ya que en Argentina la propiedad intelectual tiene vigencia por 70 años a partir del primero de enero del año siguiente a la muerte del autor. Esta situación ya ha animado a algunas editoriales a reeditar sus novelas, pero también debería servir como acicate para alentar la reedición de algunas de sus obras menos conocidas. Y justamente leyendo algunas de esas páginas suyas menos comentadas, las que reflejan su periplo allende el cielo de Buenos Aires, este servidor, en la intimidad de un sofá al sur de Europa,  hará homenaje hoy al verbo residual, mixto y único de Roberto Emilio Gofredo.  Plagiando un poco y con cariño a Julio Cortázar en el prefacio a las obras completas de Arlt editadas por Carlos Lohlé, lo único que uno espera, si Arlt pudiera leer estas líneas, es que no terminará espetando aquel célebre "rajá, turrito, rajá".

Arlt era alto y grande, quizás la herencia germana, y por lo tanto la única forma de sacar su gran féretro del cuarto de pensión de la calle Olazábal fue a través de la ventana


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Autor:
Iván Alonso (11 noticias)
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