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Saltar sin paracaídas. Elecciones presidenciales en Perú.

08/04/2016 17:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Saltar sin paracaídas. Elecciones presidenciales en Perú.

Erick Yonatan Flores Serrano

Coordinador General del Instituto Amagi - Huánuco

Se han probado todas aquellas nuevas y, al parecer, excitantes panaceas, tales como el socialismo, el Estado corporativo, el Estado de bienestar, etc., y todas han fallado. La invocación del socialismo o de la planificación centralizada del Estado se ha convertido -en nuestros días- en la demanda de un sistema viejo, gastado y fracasado. ¿Qué nos queda por ensayar, sino la libertad? Murray Rothbard image

Pasado mañana, domingo 10 de abril, los peruanos acudiremos (por obligación) a las urnas, nos toca escoger al que será, desde el 28 de julio, el nuevo presidente de la nación. Luego de un proceso electoral que tuvo de todo -menos propuestas-, los candidatos llegan a esta fecha con el oro y el moro en su discurso. Todos, de una forma u otra, ofrecen el paraíso en la tierra para los votantes. La gente (al menos la gran mayoría), fascinada por lo que oye, alza la voz y expresa su alegría, satisfechos por el banquete retórico que tiene el mismo efecto que las drogas tienen en los adictos. La sensación de confort que sienten los animales de granja cuando son alimentados, nadie advierte que serán el plato de la próxima cena. Suena cruel, hasta macabro, sin embargo, esto describe la situación de la sociedad peruana de cara a este proceso.

Noticia conocida es que el político, en su afán por conquistar el poder, "debe" preocuparse por contentar a las mayorías, del voto de esta depende su éxito o fracaso. Aunque a varios nos pese, la democracia determina que esto sea así y no hay forma de escapar del yugo encarnado por "el pueblo". Ahora bien, este resulta un gran problema cuando el imperativo del voto de las mayorías, valgan verdades, no tiene nada que ver con la razón, ni siquiera es una apuesta por el éxito porque, si revisamos las propuestas, todo es una pomposa ilusión que, lo único que han generado con su aplicación, son problemas que van desde lo político institucional, hasta lo económico social.

Dicho esto, los candidatos entran en un juego del que difícilmente pueden escapar (esto, creyendo que tienen la intención de hacerlo), obligados por una mayoría que nunca ha acostumbrado razonar y, estando en juego su cuota de poder, terminan complaciendo a las masas a un altísimo costo que, al final, terminamos pagando todos. Si revisamos con detalle las propuestas que aparecen en la oferta electoral, tan sólo dos palabras podrían resumirlas con precisión, "más Estado". Todos los partidos, sin excepción alguna, izan la bandera de un estatismo revestido de buenas intenciones, en el mejor de los casos, unos tratan de mantener el modelo tal cual, en el peor, los otros tratan de hacerlo mucho más inútil y costoso de lo que actualmente es. A ninguno de los aspirantes al sillón de Pizarro le pasa por la cabeza implementar las reformas que de verdad nos permitan mejorar. Reformas basadas en varias experiencias de éxito en todo el mundo, reformas que tienen que ver, exclusivamente, con el libre mercado.

Del párrafo anterior, lo primero que hay que decir es que: más Estado es, necesariamente, menos mercado. El incremento del tamaño del Estado, si algo ha demostrado en toda la historia, es que va cercenando -de a pocos- todas las libertades que el ser humano necesita para poder desarrollarse. Por otro lado, cuando hablamos de experiencias exitosas en el mundo, estamos hablando de ejemplos como Suiza, Singapur, Nueva Zelanda, Hong Kong, Australia y varios países más que, gracias a las reformas de libre mercado que pudieron implementar, hoy concentran los niveles de riqueza y bienestar más grandes del mundo. Ahora, nadie podría pensar que hay que hacer un calco y copia de las reformas que se hicieron en estos países, aquí lo importante es el principio general de la libertad económica; en el caso peruano, tendríamos que evaluar nuestras variables e ir diseñando reformas que, en base a nuestra realidad, puedan ser implementadas en el mediano y largo plazo, siempre con el norte de la libertad.

Más allá de que la doble responsabilidad (político-elector) exista, hay un elemento que agrava todo el proceso y, quizás, es la principal razón que explica la ausencia de libertad económica en el ideal de gobierno de los políticos. Esta razón está en el mismo concepto de libertad económica. La libertad económica implica, siempre, un Estado limitado; esto quiere decir que el Estado debe restringir su participación al mínimo, lo que significa que tanto su tamaño, como sus funciones y alcances, se reduzcan drásticamente. Y en este punto, queridos amigos, anida el factor fundamental para la ausencia de libertad económica en la oferta electoral peruana. Si la libertad económica implica que se reduzca el aparato estatal, el cual es la fuente de poder que el político persigue, no existe incentivo para que este trate de implementar reformas de libre mercado que podrían mejorar sustancialmente las condiciones de la gente. No olvidemos que el negocio de la política es el poder y, para conseguirlo, los medios políticos son extremadamente variados. Demasiada remota es la posibilidad que algún político implemente las reformas que pongan en riesgo el poder que tanto trabajo le costó conseguir, ergo, no hay mejora sustancial a la vista.

Pasado mañana el voto es obligatorio, nos obligan a saltar de un avión en piloto automático cuyo destino es estrellarse, la gasolina se acaba y, para intentar salvarnos, no queda de otra que saltar, el problema es que no tenemos paracaídas. Quizás la caída no nos mate a todos pero, en caso de sobrevivir, seguiremos en las mismas condiciones. Sin libertad económica todo es una ilusión, la demagogia alimenta el entusiasmo pero condena al hambre a los más pobres. Un discurso bonito es un consuelo frío que sólo posterga la prosperidad. La libertad económica no sólo es el paracaídas que nos permitirá sobrevivir, también es la base para comenzar a mejorar.


Sobre esta noticia

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