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Seguidores del marxismo y desfasados de la historia

14/09/2012 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Ningún libro merece sobrevivir su propia época. A menos que se trate de una obra literaria como las tragedias griegas, o incluso la Biblia, que al final no es más que un poco de historia combinada con mitología y poesía. Todos los demás libros, pero especialmente los de ciencia sociales, merecen ser quemados al final de sus tiempos, pues más allá de ese momento solo generan confusión en las próximas generaciones. Claro que el problema radica en precisar esos tiempos. ¿Cuándo un libro deja de ser útil como referencia válida del mundo y herramienta para entender nuestra realidad?

Siempre queda un hilo conductor que conecta cada generación, residuos de una época que permanecen en el tiempo, pero la realidad siempre se transforma, igual que el lenguaje. Aparentemente hablamos el mismo idioma de Cervantes pero "en realidad" ya no es el mismo. Ya no hablamos así. El lenguaje y el pensamiento se transforman junto con el mundo que nos rodea. Sin embargo, algunos libros tienen la curiosa pretensión de ser eternos. Ni siquiera la Biblia puede serlo, pues a esta se la lee y se la entiende hoy de una manera diferente que hace unos siglos.

Al margen de lo difícil que puede resultar precisar el momento en que un libro deja de ser el reflejo de una realidad, es un hecho que los libros de ciencias sociales son los que caducan más rápido. Después solo pueden servir para proyectos de investigación que indagan en las formas que tenía el mundo en el pasado, y en las formas que tenía el pensamiento humano para entenderlo y explicarlo. Por desgracia, algunos de estos libros alcanzan fama y son, al igual que ha ocurrido con la Biblia, ensalzados y adorados, colocados en el altar, y glorificados por una secta de fanáticos idiotizados con "la verdad" de sus páginas.

Esto es lo que ocurre con los seguidores del marxismo en general. Mucha gente de izquierda vive convencida de que Marx y Mariátegui son aún vigentes. Sendero Luminoso se edificó estudiando los textos de Mariátegui y asumiéndolos como una descripción actual del Perú. Sin embargo, Mariátegui miraba el Perú del siglo XIX y se iba hacía atrás, hasta la Colonia. El Perú sufrió cambios muy importantes en el siglo XX, y en especial en la misma década en que Sendero Luminoso se formaba mirando al pasado. Mientras Abimael Guzmán y su secta se encerraban para estudiar a Mariátegui, en el Perú se producía la revolución socialista del general Juán Velasco Alvarado, que cambió radicalmente las estructuras políticas, económicas y sociales del país.

Más grave aún es asumir realidades ajenas. La actual izquierda peruana, en general, se formó en la década de los años 70 estudiando a Marx, Lenin y Mao, además de otras fuentes similares. La consecuencia lógica fue que vivieron desconectados de la realidad nacional. Toda su lógica y su discurso correspondían a textos desfasados de la historia y de la realidad. Estaban empeñados en ver lo que no existía y en describir formas que apenas vislumbraban teóricamente en sus mentes, lo cual los llevaba a discrepar permanentemente entre ellos mismos, y a subdividirse en incontables versiones, cada cual más pura y correcta desde el punto de vista meramente teórico. La realidad era completamente secundaria y hasta desdeñable, incluyendo a los seres humanos. Nada importaba más que la ficción descrita en los textos.

Gran parte de la responsabilidad la tiene el propio Marx, sin duda alguna, pues vendió la idea de que había descubierto "el método" para analizar la historia de una manera científica. Muchos ingenuos le creyeron y lo siguen haciendo hoy. Todavía existen los que creen que el marxismo es "el método" para entender cualquier época de la historia. Pero nunca ha existido tal método, ni siquiera en las ciencias naturales. Más allá de los textos ideológicos, filosóficos y económicos que han rebatido directamente las tesis de Marx en estos campos concretos, existen los estudios de antropología cultural que nos explican las formas de pensamiento social de toda una época. Solo así podemos descubrir los errores de racionalidad que se escondían en los análisis de tal época, guiados siempre por una moda cultural.

Un típico error de racionalidad cultural del siglo XIX fue creer en la existencia de un "método científico" y, por consiguiente, lanzarse afanosamente en su búsqueda. El método fue una especie de piedra filosofal que se quería encontrar en los días en que emergía la ciencia con sus primeros descubrimientos. Había una especie de ansiedad en el ambiente científico para desentrañar los misterios de la naturaleza. ¿Cómo era posible llegar a la ciencia? ¿Cómo era posible desentrañar los misterios de la naturaleza? La respuesta común a estas interrogantes era la de conseguir el "método científico". Esto sería lo que permitiría los grandiosos descubrimientos de la ciencia. Los poseedores del "método" tendrían pues en sus manos las llaves del conocimiento. Así fue como se erigió uno de los mitos más generalizados y equivocados de la historia reciente del pensamiento humano: el método.

Pero lo cierto es que jamás existió un "método científico" que sirviera como llave para hallara la verdad. Al final, lo que pomposamente llamaron "método científico" en el siglo XIX no fue más que un burdo procedimiento de correlación de variables realizadas siguiendo técnicas estadísticas. Sin duda este fue un método extremadamente útil porque permitió el procesamiento de muchos datos. Tales técnicas se usaron principalmente en las nacientes ciencias naturales desde mediados del siglo XIX, pero jamás hubo un método semejante en las ciencias sociales, lo que no impidió que muchos acogieran ese mismo método estadístico para hacer ciencias sociales. Todo aquello fue un problema que tardó un siglo en revelarse y dilucidarse, y todavía hoy no les queda claro a muchos, afectados por el cientificismo que dominó gran parte del siglo XX. Todavía seguimos escuchando hablar del "método científico". Fue Wittgenstein el primero en dudar del método a principios del siglo XX, pero sería Paul K. Feyerabend quien llegaría a demostrar fehacientemente que jamás había existido ningún "método científico" milagroso.

Marx pertenece a esa época en que las ciencias empezaron a aflorar en la humanidad y cuando se buscaba y se creía en "el método". Pero Marx desarrolló su pensamiento en la antesala de la ciencia, maravillado básicamente por la gran revolución industrial de Inglaterra, con su naciente capitalismo. Su primer contacto con algo semejante a un "método" fue la filosofía de Hegel, donde la "dialéctica" ocupa un lugar importante. Los jóvenes hegelianos alemanes asumieron la dialéctica como "el método" de la filosofía. Hegel estaba de moda a principios del siglo XIX y Alemania se rendía a sus ideas. Finalmente, Marx, junto a Engels, recusaría la filosofía metafísica de Hegel pero se apropiaría de este método para estructurar su "materialismo dialéctico", un método aplicado al estudio de la realidad y con el que sus seguidores analizarían el discurrir de las ciencias de su época, en especial la teoría evolutiva. Pero Marx y sus seguidores van más allá, en la búsqueda de un "método" que permita el estudio "científico" de la historia. De este modo, la cultura del siglo XIX se caracterizaría por la búsqueda incesante de un método que sirva para abrir las puertas de todos los misterios, ya sea en la filosofía, la historia, la ciencia, etc. Para mediados del siglo XIX se habían consagrado ya los principales métodos en la cultura, y la humanidad empezó a rendirles culto y tributo.

Como se dijo, Marx fue recusado en todos los campos en los que escribió, pero nadie ha recusado el método del materialismo dialéctico o del materialismo histórico. Es verdad que ya nadie se ocupa de ellos. Tanto la ciencia como la epistemología de la ciencia pasaron por encima sin hacerles caso alguno, pero quedaron como referentes políticos. Los marxistas siguieron pensando que tenán "el método" para entender la historia y la realidad. Sin embargo no se ha señalado con claridad que tales métodos nunca fueron en realidad lo que dijeron ser. Ninguno lo fue. En primer lugar no hay un método que nos abra las puertas de la realidad, conducirnos hacia su intimidad y revelarnos la verdad. La pretensión de querer entender cualquier aspecto de la realidad con la simple aplicación de un método surgió de la ingenuidad cultural y de la inexperiencia científica del siglo XIX, pero acabó siempre en un fracaso. Incluso en la ciencia naturalista de corte metodologista, como fue el caso del conductismo en la psicología norteamericana. Pero donde sin duda han causado mayor daño a la humanidad es en la esfera social y política, cuando pretendíeron interpretar la realidad aplicando el materialismo histórico como método consagrado. Esta pretensión absurda nos ha costado millones de muertos.

Así como la ciencia progresó muy al margen de lo que dictaba el materialismo dialéctico, la política tendría que haber progresado adecuando el razonamiento humano a cada época y circunstancia histórica. También es cierto que la ciencia progresó a pesar de creencias bien establecidas. Esto dio paso a la formulación de los paradigmas de Kuhn en su "Estructura de las revoluciones científicas". La ventaja de la ciencia es que se trata de un campo más exclusivo, su campo es más estable (permanece igual por miles de años) y sus teorías son comprobables. En cambio las sociedades humanas cambian cada año y varían con frecuencia, al punto de tener escenarios exclusivos, y no hay teoría capaz de reflejar una realidad social, pues apenas esta se publica la realidad cambió. Eso hace quizá más rentable la idea de un "método" aplicable a cualquier período de la historia, pero por desgracia los métodos eluden el razonamiento. Las partes que se consideran como elementos del método o bien ya no existen, o tienen un peso diferente en el escenario, o han cambiado el tipo de sus relaciones, o se han transformado en diversas variantes.

Por otro lado, y sin ir muy profundamente en el análisis filosófico, debemos señalar que Marx traiciona la dialéctica cuando recusa el idealismo de Hegel para convertirse en un materialista pleno. Tendría que haber asumido que la dialéctica funciona perfectamente teniendo al materialismo y al idealismo como contrapartes. El fracaso de Marx se debió a su empeño de entender la realidad social y económica mediante el análisis exclusivo de ciertos hechos objetivos "reales". Incluso cuando se refiere a "conciencia de clase" debió notar que tal conciencia no existe si no es en el idealismo humano. Lo que llamamos "realidad humana" es en "realidad" una doble expresión material e ideal, pues primero se escenifica y se transforma en la conciencia humana y luego en los hechos, o viceversa. Conciencia subjetiva y realidad objetiva son interdependientes en el mundo humano. Todo análisis de la realidad humana debe hacerse no solo sobre las circunstancias objetivas sino además sobre la conciencia subjetiva, pues finalmente de ella deriva todo, incluyendo el paraíso socialista. No se puede hablar propiamente de una estructura social, económica y política si no se ha entendido que tal estructura deriva de la conciencia subjetiva humana y de otras condiciones de la naturaleza humana, tales como las creencias, gustos, intereses, ambiciones, etc., que no se pueden dejar de lado por no ser materiales. El razonamiento marxista de la sociedad se hace sobre un esquema falseado y pobre de la realidad humana, donde faltan muchos componentes vitales.

En verdad no se podía esperar más de una teoría ambiciosa pero que corresponde a una época en que la ciencia aún no aparecía. Para la época en que Marx escribía sus tratados, el escenario científico permanecía dominado por el antecedente de Newton (1720). A pesar de todos los esfuerzos, la ciencia moderna se iniciaría recién con la publicación de la teoría evolutiva de Darwin a fines de 1859, aunque sus ideas no se esparcieron plenamente hasta finales de la década de los 60. Casi de inmediato llegarían los hallazgos de la química (tabla periódica, 1869) y de la física atómica (1897). Más tarde aun llegaría la revolución de la física teórica, y solo después sucedería el inicio tardío de las ciencias sociales (Max Weber) hasta llegar a los hallazgos de la arqueología. En paralelo aparecieron las nuevas teorías económicas desarrolladas sobre un mundo emergente, surgido al cabo de las revoluciones políticas y sociales del siglo XIX. De modo pues que podemos considerar tranquilamente al marxismo como un producto de una época pre científica y propia además de la etapa final de un mundo a punto de colapsar, solo con reminiscencias parciales de lo que sería más tarde el mundo moderno capitalista.

Finalmente, debe quedarnos claro que no podemos confiar en métodos de ninguna clase para hacer ciencia, filosofía, ni política. Desde luego, tampoco es apropiado emplear viejos análisis de la realidad, en especial de una realidad que ya no existe. La mejor manera de demostrar que la visión del socialismo es errada, está en la propia historia de la humanidad de los últimos cien años en que el socialismo ha permanecido como idea y doctrina en uso. El fracaso mundial del socialismo debería llevarnos a abandonar esas ideas en el archivo. No nos referimos tan solo al fracaso de los países socialistas sino al fracaso evidente de las tesis marxistas. Si no se ha abandonado el marxismo no es porque siga vigente como tesis sino porque el marxismo, a pesar de todos sus errores intrínsecos y desfases históricos, representa no solo una idea sino un sentimiento muy humano: el de detestar este mundo, con su cuota de dolor y sufrimiento, para soñar con el paraíso y creer en la redención.

Más allá de las ideas de Marx debemos analizar su personalidad. Marx era un tipo disconforme con todo lo que le rodeaba. Se confrontó con todo lo que encontró a su paso, empezando por la filosofía de Hegel y la de Proudhon. Vivió la época del naciente capitalismo salvaje y de la efervescencia de una ciencia por nacer, precisamente en Inglaterra. Ambas cosas lo impactaron. Su inquietud intelectual lo había hecho transitar por la filosofía, el derecho y la economía. Era un tipo ambicioso intelectualmente y, pese a su doctrina, sumamente idealista. También tuvo un gran impacto en él la revolución francesa de 1848 y la instauración de la Segunda República. Era el fin de los grandes imperios y el surgimiento de las nuevas repúblicas. Desde la muerte de Luis XVI en 1793 hasta la de Nicolás II, en manos de los bolcheviques, en 1918, el mundo vivió un siglo de revoluciones violentas. Esta situación desembocaría en las dos guerras mundiales que transformaron el mundo, al punto que se alcanzó finalmente la paz. Marx vivió en medio de esta época de convulsión y llegó al convencimiento de que la violencia era parte de la historia y que jugaba un papel ineludible en la transformación del mundo. Un grave error de Marx fue atribuir a la violencia la calidad de instrumento del cambio. Por ello en el siglo XX, el marxismo sería la nueva fuente de la violencia mundial.

Con su tesis, Marx desarrolló el germen de una nueva violencia en el mundo. A mediados del siglo XIX, era un hecho que Europa hervía en revoluciones. Cuando Engels le habló a Marx de las condiciones laborales de los obreros ingleses en 1849, Marx atisbó allí el germen de la próxima gran revolución. Creyó ver las condiciones básicas que regían aquel mundo capitalista y trató de establecer los principios de las relaciones en tal escenario. Aplica su dialéctica para entender el mundo como una situación inestable y próxima a una situación final inevitable. Esta sucedería con el accionar de los obreros y el fin del capitalismo, lo que vendría necesariamente con una inevitable dosis de violencia. Su lógica dialéctica le dictaba eso, pues en la estructura del capitalismo naciente atisbaba los elementos de tal colisión. Era la misma lógica del escenario mundial de los grandes imperios, aplicada a la empresa. Entonces fabrica su tesis para explicar y anunciar este futuro inminente. En verdad, si uno lo mira bien, tiene muy poco de original. Pero, como ya es sabido, la historia transitó por otros caminos, el capitalismo evolucionó y la tecnología alivió el trabajo. Hoy, las empresas más rentables del planeta tienen a los trabajadores más felices, tal como ocurre en Microsoft, Google, Ferrari, Nokia, etc. El origen de la riqueza resultó ser la creatividad y el ingenio. Pese a todo, no pudimos salvarnos de la violencia marxista.

En suma, la historia nos ha enseñado que la mecánica metodológica no sirve en ningún escenario. Ningún libro de ciencias sociales, es decir, ninguna visión del mundo de los humanos, sobrevive su época. El materialismo histórico, con toda su pompa cientificista, no es suficiente para entender y explicar un mundo complejo y cambiante que evoluciona fundamentalmente bajo el impulso del ingenio y creatividad del ser humano. No hay condiciones eternas ni escenarios constantes. Tampoco hay leyes de la historia. Estamos condenados a andar y a aprender en el camino impredecible de la historia.

(c) Dante Bobadilla Ramírez


Sobre esta noticia

Autor:
Dante Bobadilla Ramírez (49 noticias)
Fuente:
liberalismoperuano.blogspot.com
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