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Sumas que restan. El salario mínimo y lo que no se ve.

01/04/2016 17:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sumas que restan. El salario mínimo y lo que no se ve.

Erick Yonatan Flores Serrano

Coordinador General de Instituto Amagi - Huánuco

"Las opiniones acerca de los salarios de los salarios se formulan con tal apasionamiento y quedan tan influidas por la política, que en la mayoría de las discusiones sobre el tema, se olvidan de los más elementales principios". Henry Hazlit

Elementales principios, eso es lo que siempre queda al margen cuando los políticos se reúnen para determinar, ¿quién sabe en base a qué?, los salarios de la gente. El día de ayer, el presidente del Perú, Ollanta Humala, anunciaba el incremento (en 100 soles) del salario mínimo vital. La medida tendrá efectos desde el primer día del mes de mayo, será cuando todos los trabajadores que estén sujetos al régimen privado, comiencen a recibir la remuneración de S/. 850.00 soles. Tal medida fue aplaudida por la gran mayoría de peruanos, incluso los candidatos a la presidencia saludaron entusiasmados tal decreto; el único problema de esta medida es que, como siempre suele ocurrir -y como diría Frederic Bastiat-, sólo estamos viendo lo visible, el efecto inmediato, y estamos dejando de lado los efectos que no se ven a simple vista pero que terminan teniendo mucha más resonancia de la que creemos. A continuación, va mi artículo sobre las nefastas consecuencias que representa el incremento del salario mínimo en nuestro país. image

Antes de comenzar, es necesario poner las cartas sobre la mesa y definir algunos conceptos básicos.

En primer lugar, el salario es un precio que depende del factor trabajo y tiene que ver, entra tantas otras cosas, con la productividad del trabajador. O sea, el salario es la productividad marginal descontada. En segundo lugar, hay que decir que los únicos que pueden determinar un salario, en términos objetivos, son las dos partes que establecen una relación contractual (empleado y empleador), esto porque sólo estos saben bien las necesidades que ambos tienen y, sobre la base de estas, pueden establecer un acuerdo. En tercer lugar, los resultados que derivan de la determinación de un salario, en forma incontrovertible, son beneficiosos para ambas partes siempre y cuando la relación esté libre de interferencias. Y en cuarto lugar, esas interferencias no son más que la intervención estatal en las relaciones contractuales, intervención que siempre termina generando muchos más problemas de los que pretende resolver. Esto último, vamos a explicar ahora.

Cuando algún político, desde la comodidad de su trono burocrático, decide decretar el aumento de la remuneración mínima de los trabajadores, lo último que debemos considerar, al momento de analizar tal medida, son las intenciones que tiene. Imaginemos que no sea el "ilustradísimo" Ollanta, imaginemos que es la madre Teresa de Calcuta o el mismísimo Jesucristo, nada cambia el hecho de que las consecuencias siempre serán las mismas. La ciencia anticipa los resultados de una medida sin importar si vienen desde la más piadosa intención o de la más perversa ambición. Ahora bien, incrementar el salario mínimo, aparentemente, es una medida que trata de otorgarle un beneficio al trabajador, el objetivo de esta medida es mejorar su condición socio-económica y, a la vez, protegerlo de la "arbitrariedad" del empleador que -se presume- es un desalmado capitalista que sólo busca explotar al pobre trabajador para maximizar sus ganancias. Ese es el diagnóstico del que se parte, la mayoría de veces, para justificar una medida de esta naturaleza.

En otras palabras, el burócrata -siendo desmedidamente benévolos con él- trata de hacerle un favor al trabajador. Sin embargo, termina generando una consecuencia no perversa no prevista. Consecuencia que se traduce resultados desastrosos para cualquier economía, se generan perjuicios para el trabajador y el empleador a la vez. El incremento de salario mínimo genera problemas en dos formas, por un lado, elimina el concepto de justicia dentro de la relación laboral y, por otro, condena a los trabajadores al desempleo (en el "mejor" de los casos, al empleo informal).

Elimina el concepto de justicia porque, contrario a lo que se cree, la fijación de un salario mínimo, incrementa el poder discrecional por parte del empleador y voy a graficarlo con el siguiente ejemplo. Supongamos que yo tengo una pequeña bodega y tengo a 5 personas trabajando para mí. En un contexto de libertad y cero intervención estatal, yo podría pagarles -en teoría- lo que me venga en gana, sin embargo, yo les pago muy bien porque ellos son eficientes en sus labores y, no pagarles bien, me representaría un riesgo (perderlos) porque la productividad de mi bodega está en juego. Esto lo saben ellos muy bien porque, en el momento en que crean que están ganando mucho menos de lo que producen, podrían irse y la productividad de mi bodega naturalmente bajaría, y como yo soy un empresario y la lógica que subyace en mi actividad es la de multiplicar mis ganancias, resultado que depende de cuan productivos sean mis trabajadores, esto hace que los valore y les pague un salario que ambos, tanto yo en mi condición de empleador y ellos en su condición de empleados, consideramos justo. Como puede verse en este caso, yo estoy pagando un salario que, al derivar de una relación contractual libre y voluntaria, es absolutamente justo. Ahora bien, si el Estado, de un momento a otro, decreta el monto que tengo que pagarles a mis trabajadores, lo que está haciendo es obligarme a pagar un monto fijo, independiente de si son productivos o no. Este mecanismo me da la facultad de reducir costos y multiplicar mis ganancias en forma desleal porque, como mis empleados son eficientes y me generan rentabilidad, la fijación del salario mínimo, me permite refugiarme en la ley y dejar de pagarles un salario que esté determinado por su productividad, y sólo pagarles lo que la ley obliga. Cuando el mejor de mis empleados, cuya productividad marginal descontada es mucho más elevada que el salario mínimo establecido por el Estado, me pregunte por qué le estoy pagando menos, yo sólo atinaré a decirle que es porque la ley obliga a pagar ese monto. De la misma forma en que un salario mínimo elimina el beneficio ganado para el eficiente, también otorga un beneficio no ganado para el ineficiente, cuando la ley obliga a pagarles a todos el mismo monto, el ineficiente ve una oportunidad y el eficiente ve un obstáculo, se eliminan los incentivos para mejorar la productividad y finalmente el término "justicia" queda marginado de las relaciones laborales.

Y condena a los trabajadores al desempleo porque, fijar el salario mínimo desde el Estado, representa una barrera de entrada para las empresas. En nuestro país (y en la mayoría de países del mundo), no son las grandes empresas las que sostienen la economía, son las pequeñas y medianas empresas las que alimentan, en gran medida, la composición del PIB. Un dato no menor es que, según las estadísticas del Ministerio de Economía y Finanzas, más del 60% de nuestro producto interno bruto, proviene de la informalidad. Entendiendo la informalidad como una consecuencia natural del alto costo de la formalidad, el incremento del salario mínimo -su sola existencia en realidad- representa un incremento a los costos que las empresas tiene que pagar para ser formales. Esta barrera obliga a las nuevas empresas a sobrevivir en forma muy dramática en el mercado y, para sostenerse, se ven obligadas a despedir trabajadores porque su renta no les alcanza para cubrir todos los costos; en el peor de los casos, viran hacia la informalidad donde, valgan verdades, ni trabajadores ni empresas consiguen mejorar su condición, sólo se dedican a sobrevivir al margen de la (injusta y absurda) ley.

Bien, como se lee, los efectos de contar con un salario mínimo son bastante claros, no sólo devienen en una natural ineficiencia que entorpece las relaciones entre los agentes económicos, sino que también es una fuente muy grande de inmoralidad porque, ni yo, ni usted que está leyendo, mucho menos un político de saco y corbata, tiene la autoridad moral para determinar alguna condición contractual en las relaciones económicas. Aquí no se trata de la cantidad de amor que les tengamos a los trabajadores, se trata de resultados. Como siempre he dicho, debemos alzar la cabeza y ver cómo funcionan los salarios en países que gozan de enormes niveles de bienestar. Suiza, por ejemplo, no tiene un salario mínimo y el salario medio supera los tres mil euros. Dinamarca, por ejemplo, tampoco cuenta con salario mínimo y tampoco tiene demasiadas regulaciones laborales y tiene pleno empleo, o sea, toda su población trabaja. Ahora bien, vamos a ver un poco de historia, a Argentina, hacia fines del siglo XIX, llegaban emigrantes de todo el mundo, cientos de miles de personas llegaban porque habían oportunidades de empleo ya que no existía nada de regulación laboral, todo se resumía a contratos libres entre las partes; hoy por hoy, con varios tomos de legislación laboral, el desempleo en Argentina no se ha podido eliminar. Cuando la ley genera más de un 50% de trabajo informal, no es culpa de los malvados agentes económicos que prefieren desobedecer la ley, es que no tienen opción y eso, lo único que significa, es que la ley es un completo desastre.

Par terminar, todo lo que se he explicado, demuestra que el salario mínimo es un error garrafal para los países del mundo, mucho más para aquellos que -como nosotros- buscamos mejorar nuestras condiciones. Si el solo hecho de tener un salario mínimo es un error, imagínense lo que significa elevarlo. Nunca hemos de olvidar que todas las desgracias económicas, siempre, provienen de buenas intenciones y de olvidar, como dice Hazlit, los elementales principios de la economía. Elevar el costo de la remuneración no es beneficiar al trabajador, es condenarlo a un empleo informal o directamente al desempleo. Como reza el título, es una suma que resta, nada más.


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