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El tiempo transmite algo de todos

09/01/2016 19:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay seres reales, de carne y hueso, como también de energía pura que no existen, hay seres que viven dentro de nuestras mentes, y hay personas en todos nosotros

Duque, así lo llamaban; cada tanto lo veía sentado inundado de momentos, su nivel de seriedad era motivo suficiente para que ni las moscas se posaran a guardar descanso. Preguntábamos seguidas veces las mismas interrogantes, esas charlas eternas, parisinas situaciones, construyendo mundos alternos como sueños de los perturbados, como itálica razón de la pregunta pionera hacedora de hechos.

Admiraba a Nietzche y a Ghandi como ejemplos prometeicos, tan contradictorio como sistematizado, misma hora, mismo asiento, parecidas posiciones. Las horas gastadas en el tiempo fausto, ese infinito placer por la vida descubría el mal antropológico, como juego de azar. Su palabra transmitía un crisol de revoluciones, sus bolsillos agujereados prestaban abrazos con créditos aplazados, su teoría cuántica  solucionaba el arte de la voz amada, “El movimiento es vida física, crítica apátrida, razón suficiente en sí, realidad tentativa”.

Visitante de la noche evidente, trazaba horas desterradas en las obras pasajeras involuntarias, acompañaba el dolor de la partida como perdida cosmopolita, sujeta al auspicio histriónico de los días incendiarios. La versión de un solo uso, persiste aun en mis ojos, sus pisadas contaban la programación de la primavera que aguardaba. El misterio se apoderaba de su sombra mojada, mientras la discusión crecía, las ideas transitaban libres como el aire nostálgico del domingo triste.

Sus pisadas contaban la programación de la primavera que aguardaba

El séptimo día, el cordón umbilical fue arrancado de la conexión electromagnética de sus neuronas, dejó de asistir a las charlas predilectas, la ausencia prestó lugar a la ocupación de la muerte, esa imposición natural que lo acercó a la tierra del edén perdido, la Plaza de Armas, armada hasta los dientes de identidades plásticas, y sus ojos regados en el piso practicaban el amor idílico, doña Natalia, había muerto.

Duque alquiló el corazón y regaló el para siempre, empezó a cantar el sueño de lo prohibido, se acercó a la estación que lo llevó al kilómetro mil de la ascendencia astral, para desaparecer, para no saber más de las charlas contadas. Es irónico entender que ha pasado el tiempo, y las sombras siguen de pie al costado de la banca que espera por él,   el tiempo transmite algo de todos, esa sensación de eternidad que describen los muertos, al oído, en los ojos, por las sentidas pérdidas, por la ausencia de palabras. Esta Ica duele como mil crucifixiones, con los clavos sosteniendo el cuerpo del alma.


Sobre esta noticia

Autor:
Martingalaf (9 noticias)
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Opinión
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