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Uruguay, ¿Principio del fin del ciclo izquierdista en América Latina?

25/08/2014 18:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: Ricardo Angoso Fuente: elblogdemontaner

Cuando apenas quedan unas semanas para las próximas elecciones uruguayas, de las que saldrá un nuevo parlamento y se elegirá un presidente que sustituya al controvertido Pepe Mujica, las encuestas señalan que la oposición agrupada en los dos partidos tradicionales, colorados y nacionalistas, podría obtener la mayoría en el próximo legislativo y le pisa los talones, literalmente, al candidato del partido gobernante, el Frente Amplio (FA). image

En efecto, para el legislativo se perfila un resultado muy bajo para el FA, que pedería la mayoría absoluta de la que ahora goza y de que necesitaría de pactos y acuerdos para sacar adelante sus proyectos y Leyes. Luego el candidato de los nacionalistas a la presidencia de la República, Luis Lacalle Pou, si lograra que en una segunda vuelta le apoyasen los colorados, podría incluso disputar al candidato frentista, Tabaré Vázquez, la máxima autoridad del país, rompiendo el largo gobierno de la izquierda que lleva ya casi una década en el poder y amenaza con perpetuarse.

Pero, aparte de estas consideraciones en clave interna uruguaya, una victoria del centro y la derecha unidos en las elecciones de este país tendría consecuencias para toda la región, ya que hasta ahora ninguna de las fuerzas que gobiernan en Bolivia, Ecuador, El Salvador, Venezuela y Nicaragua, por no hablar de la Colombia del presidente Juan Manuel Santos, ha sido derrotada hasta ahora. Los países "bolivarianos" situados en la órbita de la Venezuela de Hugo Chávez, que tomó el poder en el año 1998 y fundó régimen, han permanecido inalterables en sus posiciones antinorteamericanas, antioccidentales e incluso antisemitas en estos años. Mención aparte merece ese tahúr del oportunismo que es el colombiano Santos, notable representante del cretinismo político que impera en ese país en casi todas las esferas de la vida pública y de la felonía más rastrera que fue capaz de traicionar al día siguiente de su toma de posesión a su mentor político, Alvaro Uribe.

Y volvamos al tema que nos ocupa. En Uruguay, estos años de gobierno izquierdista han significado una merma en la calidad de los servicios públicos, pero especialmente en educación y salud; el aumento en la inseguridad ciudadana, que ya es considerado casi el principal problema de los uruguayos; y un desprestigio en la política internacional, algo en lo que Uruguay era líder por sus iniciativas y propuestas. Y, finalmente, esta izquierda se ha caracterizado por haber abierto las heridas por los sucesos del pasado, cuando el país se debatía en las décadas de los 60 y 70 entre la pervivencia de las instituciones fundamentadas en las Leyes y el asalto al poder por parte de la insurgencia marxista violenta.

JUICIOS A LOS MILITARES, IMPUNIDAD PARA LOS TERRORISTAS

Fruto de ese estados de cosas, y por la apuesta reiterativa en una cultura basada en la búsqueda de la venganza y no de la justicia, algunas decenas de militares han sido procesados, juzgados y condenados por supuestos delitos de lesa humanidad, mientras que los antiguos terroristas tupamaros, como el presidente Pepe Mujica, gozan de todos sus derechos y libertades e incluso participan activamente en la vida política de la nación. Son las paradojas de este nuevo Uruguay en que gobierna la izquierda mirando atrás y sin reconocer sus culpas propias, como cuando los antiguos guerrileros abandonaron la política activa porque nadie les votaba -decían que "por ahí no iba la vaina"- y tomaron el errático camino de la vía armada.

Además, en estos largos años dominados por el FA, no ha habido necesidad de buscar grandes consensos ni acuerdos con las otras fuerzas políticas, debido a la sólida mayoría con la que contaba en las instituciones. Las divisiones se manifestaban y resolvían dentro de este partido tan heterogéneo, diverso, plural y a veces tan contradictorio, en donde conviven socialistas, comunistas, demócrata-cretinos, oportunistas sin escrúpulos, antiguos tupamaros reconvertidos a la democracia y un sinfín de izquierdistas de todos los pelajes y ropajes. Como habría dicho el bueno de Vladimir Lenin, el izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo o, para decirlo más burdamente, Dios los crea y el Diablo los junta.

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El FA es la franquicia del Foro de Sao Paulo en Uruguay, la marca que patentaron para extender la llama revolucionaria a todo el continente los hermanos Castro, líderes eternos e indiscutibles de la isla-prisión de Cuba, y ese aprendiz de brujo que es el líder brasileño Luiz Inácio da Silva, más conocido simplemente como Lula. Luego el "invento" tuvo éxito y prendió en casi toda América Latina, incluyendo aquí a la moderna y preparada Uruguay.

Pero cinco años más se antojan como demasiados para el electorado uruguayo, al que ya se le empieza a agotar la paciencia del plomizo discurso pobrista del máximo líder, y que también anhela un cambio que ponga en orden la casa, instaure el orden público de una vez por todas -nunca sabremos por qué a los "progresistas" les aterra la seguridad- y mantenga la dignidad del país en todos los foros internacionales, poniendo a raya a algunos vecinos impresentables, como a la presidenta argentina y también a los sátrapas de La Habana.

Si estas expectativas se cumplieran, algo que no se debe descartar porque el FA está en caída libre en las encuestas y aparece bastante menguado desde que comenzara la campaña electoral, este cambio de gobierno en Uruguay alimentaría las esperanzas de todos los demócratas del continente, tan abandonados por los Estados Unidos, la Unión Europea y la ya casi difunta Organización de Estados Americanos (OEA). Incluso los países supuestamente en manos de gobiernos moderados, como la Colombia de Santos o el México de Peña Nieto, coquetean e incluso les ríen las gracias a estos gobiernos que vulneran las Leyes, restringen las libertades fundamentales, cierran medios de comunicación y apoyan, sin titubeos, a los regímenes más impresentables del mundo.

LA BONANZA ECONÓMICA FORTALECIÓ A LOS "BOLIVARIANOS"

El éxito de los países mal llamados "bolivarianos" en estos años tiene mucho que ver con la bonanza económica de América Latina, pero especialmente con las subidas de los precios de las materias primas, la energía y los productos agrícolas, los llamados comodities. Este alza de precios en este conjunto de bienes permitió a los gobiernos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela e incluso Uruguay, entre otros de la región, gozar de ingentes recursos para sus proyectos asistencialistas y clientelistas en beneficio propio.

Ahora que la fiesta de los comodities parece que va a llegar a su fin, como vaticinan numerosos analistas, se verá la cruda realidad de lo que han sido estos años: un camino baldío en que no se apostó por la productividad y la creación de verdaderas industrias nacionales como motores de desarrollo. Nos conquistarán los chinos con sus productos, tendremos que retomar las relaciones con nuestros odiados vecinos del Norte, por mucho que nos pese, y, en fin, habrá que volver a tomar la senda que nunca deberíamos haber dejado atrás: la del sentido común y la cordura. Qué así sea, que el cambio en Uruguay sea el comienzo de una nueva era de esperanza y progreso para la región. ¿O acaso estamos soñando? Veremos qué pasa, las espadas están en alto.


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